La interna en el Gobierno que profundizó la crisis económica
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La interna en el Gobierno que profundizó la crisis económica

El presidente Macri ratificó esta semana la conducción del Gabinete en manos de Marcos Peña y sus laderos: Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, quienes continúan -a pesar de las críticas del propio círculo rojo de Cambiemos-, al mando de la toma de decisiones del Gobierno.

Pero ahora seguidos muy de cerca por la cada vez más influyente Mesa Política (G-5), integrada por la gobernadora María Eugenia Vidal; el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; siempre con la mirada adicional del amigo presidencial y empresario Nicolás "Nicky" Caputo.

Pese al mar de versiones cruzadas y pedidos de nuevos cambios de Gabinete que pusieron a su apellido en el ojo de la tormenta, Peña atravesó inerte la primer semana de julio. Su peor momento desde que Macri asumió en el poder en diciembre de 2015.

El propio Presidente le ordenó salir a hablar en los medios ratificando su rol, en medio de la crisis interminable por el dólar que, una vez más, volvió a poner en duda “el rumbo” del Gobierno y la viabilidad del acuerdo con el FMI.

Macri salió, dos días seguidos, primero desde Entre Ríos y un día más tarde desde Santa Fe, a señalar que “no tenemos dudas sobre el rumbo” del plan económico y terminó poniéndose al frente de la defensa del acuerdo con el Fondo.

De algún modo, esa ratificación del rumbo también fue un mensaje a los reclamos de "apoyo" a los gobernadores y senadores del PJ, en medio de un clima de incertidumbre que se percibió desde las propias usinas de la Casa Rosada y del Ministerio de Economía, que lanzaban en simultáneo, rumores de medidas económicas contradictorias entre sí.

El ejemplo de mayor incertidumbre quedó reflejado el pasado martes cuando -en medio de la millonaria licitación de Letes para descomprimir una nueva escalada del dólar ante el vencimiento de Lebacs, el jefe de Gabinete admitía que estaba en “carpeta” la posibilidad de crear un nuevo impuesto a los viajes de turismo al exterior. Lo que derivó en una ola de críticas que terminaron comparando la medida con el cepo cambiario kirchnerista.

Lo peor que le puede pasar al macrismo, según admiten sus propios voceros, es ser comparados con el kirchnerismo, gobierno que toman como su antítesis.

El mismo día, durante su exposición ante el Senado para explicar el acuerdo con el FMI, el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, afirmó que “pese a que algunos sectores lo impulsan, el Gobierno no piensa crear impuestos a los viajes al exterior para contener al dólar".

  • ¿Dujovne salió a contradecir a Peña? 
  • ¿Fue un estrategia de comunicación planeada para medir las repercusiones de un eventual nuevo impuesto? 
  • ¿Se trató de una dura interna que dejó a la vista la pérdida de rumbo económico del Gobierno?

Esas fueron algunas de las preguntas que circularon en días de frío invernal por los pasillos de la Casa Rosada y que se expandieron al exterior en una nueva semana de incertidumbre sobre la posibilidad o no del Gobierno de Macri de controlar la crisis económica y garantizar el cumplimiento del acuerdo con el Fondo.

Después Peña tuvo que salir a aclarar que no se pensó en impulsar un dólar especial para el turismo.

A esa incertidumbre sobre el rumbo económico -por las contradicciones en la comunicación oficial-, se sumaron los rumores que también salió a desactivar el propio Macri durante la reunión que mantuvo en Casa Rosada con dirigentes del campo.

Macri volvió a pedirle su “apoyo” al agro y terminó desmintiendo la posibilidad de retomar las retenciones a las exportaciones, eliminadas justamente en los primeros meses de su mandato.

Ironías del positivismo permanente

Todo está bajo control”, se le escuchó decir a un alto funcionario del entorno de Peña al salir esta semana a paso apresurado de la Casa Rosada, sin rumbo conocido.

La frase, tal vez irónica, marcó el clima de incertidumbre que vivieron los funcionarios del círculo más cercano al Presidente en una semana en la que Dujovne, Peña y los principales laderos políticos de Macri -Vidal y Larreta- analizaron en algunas reuniones de dónde sale la plata para pagar el ajuste.

Peña lo ratificó en un comunicado de prensa de Presidencia, por si a alguien le quedaran dudas sobre la posibilidad de un cambio de timón respecto a lo firmado con el FMI:

Ratificó la meta de disminución del déficit fiscal para 2019 del 1,3 por ciento; desmintió una ruptura con gobernadores del PJ y representantes parlamentarios, y confirmó que “se mantienen las conversaciones con gobernadores y representantes parlamentarios” de “un sector del PJ” dialoguista “que tiene esa vocación”:

"Hoy hay una mecánica de diálogo y de acuerdo", dijo Peña sobre algunos gobernadores peronistas e insistió en “la necesidad de alcanzar acuerdos lo más amplios posibles por parte de los sectores sociales y políticos” para avanzar en el equilibrio fiscal y reducir la dependencia externa” de la economía como “eje central”.

La incertidumbre por la sucesión en 2019.

Peña reconoció la necesidad que tiene el Gobierno de ”dar una señal de confianza al mundo de que Argentina continuará por el camino correcto”.

Es que el mercado demostró que tiene la mira puesta en la sucesión presidencial de 2019 y la sustentabilidad del macrismo, en estas semanas fue puesta en duda con una nueva corrida del dólar que el Gobierno debió salir a parar con nuevas medidas del BCRA y otro récord de suba de tasas de interés.

El temor del Gobierno y de sectores económicos sobre una derrota de Macri en 2019 ante la vertiginosa caída en la imagen del Gobierno a partir de la crisis, quedó reflejado en las siguientes frases de Peña:

 En su nuevo raíd periodístico, Peña quiso “transmitir tranquilidad por cuanto estamos atravesando una coyuntura y no un problema estructural” y dijo que “esa situación la saben los empresarios que están invirtiendo” en el país.

Insistió Peña tras señalar como mantra del Gobierno: “Vamos a seguir trabajando con la convicción absoluta de que este camino no tiene retorno”.

Reiteró la promesa a los gobernadores de que “la obra pública no será variable de ajuste” y remarcó el reclamo para que las provincias “sigan bajando impuestos”.

También mencionó la continuidad de los programas Ahora 12 como Precios Cuidados con el fin de “mantener la línea de consumo para los sectores medios y los más vulnerables” que se suma al “fuerte nivel de inversión social”.

Con la Selección Argentina de Fútbol fuera del Mundial, y la cruda realidad que en sus territorios refleja una caída de la actividad económica, cierres de Pymes y comercios en crisis y una creciente tensión social, los mandatarios bonaerense y porteño de Cambiemos, negocian con Peña y Dujovne la forma menos traumática para que el Estado nacional traspase la responsabilidad de los servicios de luz, gas y agua a sus respectivos distritos. Algo que ya es resistido por intendentes peronistas.

El oficialismo busca así poner a Vidal y a Larreta como ejemplos de ajuste para presionar al resto de los gobernadores a que hagan lo mismo.

Casualmente, Vidal apareció en las últimas dos semanas como centro de los cuestionamientos a la ortodoxia ejecutiva de Peña, y junto a Larreta, Caputo y Frigerio, hicieron las mayores presiones para los últimos cambios de Gabinete económico y pasó a formar parte de las principales tomas de decisiones.

Una estrategia para blindar la imagen de Macri y  que no quede solo, tomando decisiones impopulares y como ejemplo del ajuste propio; ¿o es un globo de ensayo para comenzar a instalar una alternativa de Gobierno ante una crisis aún mayor?