En los últimos días, dos ceremonias religiosas católicas llamaron la atención, porque se convirtieron en algún sentido, en expresiones políticas contrarias al actual gobierno del presidente Javier Milei.
Distintos eventos en la iglesia católica abren interrogantes sobre el vínculo con el Gobierno. ¿Qué influencia tienen los líderes religiosos sobre el resto de la sociedad?
En los últimos días, dos ceremonias religiosas católicas llamaron la atención, porque se convirtieron en algún sentido, en expresiones políticas contrarias al actual gobierno del presidente Javier Milei.
Una fue el domingo 9 de junio en la iglesia porteña de San Cristóbal; otra, a los pocos días, en la parroquia Inmaculada Concepción de María, esta última con la participación de monseñor Gustavo Carrara obispo auxiliar y Vicario general de Buenos Aires. En ambos casos, se entonaron cánticos opositores y en particular el lema "La patria no se vende".
Las autoridades eclesiásticas rechazaron esos hechos, atribuyéndolos a la emoción momentánea de algunos partícipes. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, cuestionó los cantos opositores y dijo que “No está bueno” “usar la misa para dividir, fragmentar y partidizar".
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Vicente Ojea, declaró en forma preventiva “No pensamos invitar a ningún político a esta Misa porque no queremos que algo tan propio del ser humano, que no pertenece a ningún sector político en particular, sea usado de ningún modo”.
¿Estos son hechos esporádicos, fruto de emociones particularmente fuertes de algunos partícipes? ¿Supone un movimiento en las relaciones políticas entre la Iglesia Católica y el gobierno nacional?
Según la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina realizada por el Conicet en el año 2019 (último estudio metodológicamente sistemático hecho sobre esto), el 63% de los argentinos se reconoce como católicos, y del otro lado un 18,5 % de los argentinos se reconoce sin religión. El dato más interesante es que tomando la franja entre 18 y 29 años, solo el 52,50 % se reconoce católico.
Una nota al pie: en la Primera Encuesta similar (que se había hecho en 2008), el número de argentinos que se reconocía como católicos era el 76,5%. Es decir, el número de católicos va bajando, especialmente entre los más jóvenes.
Sin embargo, sigue siendo la Iglesia Católica la religión mayoritaria en cuanto a su historia y su influencia en la sociedad, y por eso las opiniones políticas de los funcionarios religiosos son relevantes.
“Para poder abordar el tema de la posible significación de los dos episodios recientes en la relación entre la Iglesia Católica y el gobierno nacional hay que señalar una diferencia que es relevante para entender estos movimientos”, señala un dirigente que sigue de cerca estos movimientos.
El dirigente explica que las iglesias protestantes se dividen según actitudes conservadoras o liberales.
Es decir, una denominación simplemente se rompe o pierde iglesias, e incluso se conforman lo que se llama Iglesias locales o no denominacionales. Y en ese sentido cada denominación o cada iglesia local tiene una posición política o exegética absolutamente clara y coherente. En ese caso, el conflicto es entre las diversas iglesias.
El caso de la Iglesia Católica es exactamente el contrario: las diferencias entre un ala conservadora y un ala liberal, e incluso un ala radical, están dentro de la propia iglesia; en los últimos siglos no se han producido cismas significativos excepto tal vez la ruptura con Roma luego del Concilio Vaticano Segundo en 1959, por un movimiento de feligreses que cuestionaban las reformas litúrgicas. Pero en actitudes políticas los movimientos mantienen la unidad de Iglesia Católica como Iglesia Universal.
“Eso hace que los obispos y la curia romana tengan un lenguaje mucho más sutil y una adhesión mucho menos lineal con los programas de las diversas administraciones. Por un lado, porque tiene que contener la enorme variedad de posiciones que hay dentro de la propia iglesia, y por otro lado, dado su carácter de iglesia universal y no de iglesia local, tiene que convivir con regímenes políticos muy diferentes entre sí”, explica el académico.
“Va a ser mucho más fácil encontrar un pronunciamiento absolutamente claro en una iglesia protestante que dentro de la Iglesia Católica”, explica este estudioso.
Según narra, es por ello que en la Iglesia Católica Argentina han convivido desde el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) hasta el Vicariato Castrense, cercano al Proceso de Reorganización Nacional entre 1976 y 1983.
Y por eso también los discursos de las conferencias de episcopales siempre ponen el énfasis en los problemas de la sociedad y no en las soluciones que los políticos ofrecen o puedan ofrecer respecto a ellos.
Y una sociedad que viene exhibiendo indicadores de pobreza, de marginación, de baja calidad educativa, de dramática postergación de su sector pasivo, entre otros problemas extremos, no es sorprendente que la iglesia, en los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal Argentina, en las homilías episcopales, y en las ceremonias litúrgicas, se enfatice esos puntos.
Así, la Iglesia Católica acompaña actitudinalmente la posición de los más desvalidos, porque es una realidad presente que no admite postergación ni en el discurso ni en los hechos.
De acuerdo a los analistas especializados en temas eclesiásticos, estos episodios -y algún otro que seguramente sucederá en los próximos días y que fueron anticipados en A24.com-, no deben ser vistos en términos de una disputa por apoyar o no apoyar al gobierno actual.
La propia iglesia es vista por sus feligreses como un canal de exposición de temas que difíciles callar: la crisis extrema y un ajuste que carga sobre la política de ingresos fijos de los trabajadores, los jubilados y pensionados, o personas con ingresos precarios.
“El problema no está en las actitudes que puedan tener los feligreses y sus pastores, ni representa necesariamente un cambio de actitud por parte de la iglesia o un quite de colaboración. Es simplemente la expresión de una realidad que no se puede tapa”, resume el catedrático.