Mauricio Macri tuvo que cambiar muchas cosas para llegar a Presidente de la Nación. En algunos temas flexibilizó sus posturas; en otros calla su verdadera opinión. Pero existen algunos caprichos presidenciales sobre los que no está dispuesto a tranzar.

Un “capricho” es una “determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original”. No necesariamente es un error o una determinación equivocada. Pero son algunas ideas que Macri tiene en su cabeza y sobre las que, con razón o no, no va a ceder.

1- El Gran Gabinete

Macri está conforme con esta forma de diseño del Gabinete. Por eso en los últimos días ya enterró definitivamente la posibilidad de nuevos cambios…  algo que era muy pedido por Vidal, Larreta y algunos otros actores del “círculo rojo”.

“El Presidente está cómodo así”, explicó una fuente de su entorno. “El ahorro en el gasto no justifica hacer un cambio tan grande”, agregaron.

Existen dos argumentos más que lo hicieron decidirse. El primero es que, según Macri, los otros países del G20 tienen gabinetes de dimensiones similares. Brasil, por ejemplo, también tiene más de 25 ministerios y otras 9 secretarías con ese rango.

El segundo es el “costo de aprendizaje” que tendría hacer un cambio. “Acomodar todas las estructuras a un nuevo esquema de trabajo te lleva no menos de 6 meses”, explicaron fuentes de Jefatura de Gabinete que analizaron junto al Presidente un eventual recorte. Se decidió que no era necesario. Además, producía mucho estrés entre los ministros pensar que en cualquier momento podían ser degradados a secretarios.

No obstante, todos los consultados por A24.com coincidieron en que puede haber algún movimiento de piezas circunstanciales o algún anuncio puntual. Pero la política general respecto al Gabinete es la que rige ahora: unos 20 ministerios, bajo la dirección de Peña, con la supervisión de Quintana y Lopetegui; más la figura de Dujovne como coordinador económico. Capricho de Macri.

2- Las retenciones

"No creo que las retenciones sean un impuesto inteligente". Lo dijo en conferencia de prensa. Y lo repitió de distintas maneras las 200 veces que se lo preguntaron. No le gustan las retenciones; no las quiere.

No le importa lo que le digan los radicales. Ni que con la devaluación los exportadores sojeros hayan aumentado un 50% su rentabilidad en pesos. Ni que haya otros sectores que ya venían golpeados y que tendrán que hacer aún más sacrificios.

Macri cree que el agro es el sector más dinámico de la economía argentina (el más competitivo) y que por lo tanto hay que sacarle impuestos para que produzca más. Y es un punto que para él no está en discusión.

Capricho o no, es una promesa de campaña que Macri no está dispuesto a incumplir.

3- (Des) controles y acuerdos de precios

Macri no cree en los controles ni en los acuerdos de precios. Es la propia dinámica del mercado la que debe regularlos (de manera invisible). 

Suele contar Prat Gay que cuando fijó las metas de inflación al asumir en Hacienda, pensó que tras el levantamiento del cepo y la consecuente devaluación, se plantearía un gran acuerdo con empresarios (formadores de precios) que implicara también la implementación de ciertos controles. Eso nunca pasó.

El secretario de Comercio Interior, Miguel Braun, nunca asumió un rol de control. Apenas se limitó a promover una página web con precios comparados y a eliminar la palabra “cuotas sin interés” de los carteles de las promociones.

Contra la voluntad del Presidente y de su secretario, se sostuvo el programa del kirchnerismo Precios Cuidados, aunque con menos exigencias a las empresas: se bajó la cantidad de productos y en muchos casos se los relegó a las segundas marcas.

Muchos aliados pidieron más intervención en los precios. Incluso María Eugenia Vidal alzó la voz en los últimos meses. Junto a Horacio Rodríguez Larreta lograron que removiera al ministro a cargo de la producción (Francisco Cabrera). Pero Miguel Braun sigue en su puesto. Hay políticas que no se tocan. El control de precios no está en el diccionario de MM.

4- No subsidiar sectores improductivos

Macri cree en una economía de mercado en la que el país tiene que potenciarse en lo que es más competitivo. Campo y servicios asociados al conocimiento serían las estrellas de este modelo. Por eso, insiste, no hay que cargar de impuestos a esos sectores. El Estado debe actuar como facilitador para que el sector privado genere valor.

Pero el Estado no debe cubrir, en el pensamiento de Macri, a aquellos sectores de baja competitividad. Es por eso, que nunca se aplicaron políticas diferenciadas de apoyo a los sectores denominados “sensibles” (los que más trabajo generan): textil, marroquinería y metalurgia. Ni siquiera se los ayudó manteniendo cerradas las importaciones.

Apenas se implementaron mesas de trabajo orientativas con resultados dispares.

Poco y nada se hizo desde el Gobierno cuando empresas cierran o despiden trabajadores: pasó con Pepsico, Puma, AGR y DyN (ambas del grupo Clarín), entre otras.

Desde la oposición piden constantemente la intervención del Estado para proteger a la industria. Los consejos no son tenidos en cuenta por Macri.

5- No gastar más de lo que se tiene

Macri está convencido de que el principal problema de la economía argentina es que el Estado gasta más de lo que recauda. Como en un hogar, nadie debería gastar más de lo que cobra.

Aunque existe un consenso entre los economistas en que lo ideal es que el Estado tenga un déficit más acotado, hay también diferencias en torno a cómo lograr esa estabilidad en el largo plazo. Y la idea de comparar al Estado con la economía doméstica es discutida por los economistas más heterodoxos.

Sin embargo, Macri insiste con esa máxima que él llama “administrar bien” y que lo sigue desde la época de Boca, cuando Maradona lo apodó “el cartonero Báez”. Macri disfruta cada vez que recuerda esa anécdota y lo muestra como un ejemplo de austeridad.

El Presidente está convencido de que el camino para fortalecer la macroeconomía es tener un Estado más chico.

Bonus track - “Hay demasiadas elecciones”

Macri suele ser muy crítico del sistema electoral argentino. Sus deseos de cambio chocan (en algún caso) contra la realidad de un Congreso que no domina, como sucedió con la Boleta Electrónica.

Peor aún fue el intento de unificar las elecciones nacionales y provinciales en todo el país. Se había vuelto una obsesión de Macri hacia fin del año pasado.  Decía que debía hacerse un cronograma de votación único. Sus asesores intentaron convencerlo de que eso era imposible porque son las provincias (constitucionalmente o a través de sus gobernadores) las que deciden cuándo se vota. Macri no los escuchó y finalmente fueron los propios gobernadores los encargados de decirle que no.

Por eso, suena descabellado el proyecto que intenta desdoblar las elecciones municipales de las provinciales en la gigante Buenos Aires. Es una idea que Macri no vería con buenos ojos.