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POLÍTICA

Las marchas y contramarchas en el primer mes de Alberto, y el desafío de gobernar sin luna de miel

Las marchas y contramarchas en el primer mes de Alberto, y el desafío de gobernar sin luna de miel
Alberto Fernández, el día de su asunción como presidente (Foto: Télam).

Las PASO tuvieron varios efectos no deseados. Algunos se pusieron en evidencia al día siguiente de esas elecciones primarias en las que quedó claro que Alberto sería el próximo presidente: dólar a 60, Macri sin poder y una sensación de acefalía o pato rengo. Pero otros efectos quedan en evidencia recién ahora, cuando a Alberto Fernández se le achica la luna de miel porque para parte de la opinión pública su mandato empezó el 12 de agosto, al día siguiente de las PASO.

O sea: aunque Alberto asumió hace solo 32 días, hace 5 meses que estamos todos hablando de sus planes de gobierno, de sus equipos, de sus primeras medidas, de lo fácil que sería resolver todo… Son 153 días que se deducen de la clásica luna de miel o tiempo de gracia que la opinión pública le da a un nuevo gobierno, estimado en 180 días. Si se respeta ese margen, Alberto tiene hasta el 8 febrero para resolver los problemas del país antes de que su imagen empiece a desplomarse.

Por supuesto, son especulaciones. Pero días más, días menos es algo que le preocupa al Gobierno: saben que tienen poco tiempo para dar muestra de manejo de la crisis y advierten que todos los números del país son mucho peores de lo que esperaban.

La curva de la imagen de Alberto cae. Su imagen personal está en 54% positiva y 24% negativa según el tracking diario que realiza la consultora Inteligencia Analítica. El dato en sí no sería malo, si no fuera porque hace un mes superaba los 60 puntos. Es lógico que un presidente caiga tras sus primeras medidas; el problema, en este caso, es que cayó demasiado rápido.

  • Apenas el 32% de los consultados cree que su situación personal va a ser mejor este año.
  • El 28,6% considera que la gestión económica es mala y solo el 33,5% dice que es buena (por ahora, la diferencia es de 5 puntos a favor).
  • En política social la brecha a favor sube 10 puntos.
  • En Seguridad, el 44% dice que es mala frente al 21,4% que dice que es buena. Acá el diferencial es negativo.

El que dirige esta encuesta es Sebastián Galmarini, dirigente del Frente Renovador y hermano de Malena, la mujer de Sergio Massa. A pesar de la filiación política, hay un dato que dejaría en evidencia la imparcialidad de la muestra: Massa arrastra un diferencial de imagen de 19% negativo (la resta de la imagen positiva menos la negativa) y es el de peor ponderación pública entre los tres máximos dirigentes del Frente de Todos. Lo dice la investigación de su cuñado.

Otro dato interesante: Cristina tiene un diferencial a favor de 2,7% y Alberto de 29,8%. Más complicada la tiene el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Su imagen negativa había bajado casi 10 puntos después de la asunción y volvió a empeorar después del debate de la reforma impositiva. Ahora su diferencial es de 1,6% a favor, un margen muy escaso para un gobernador que debe lidiar con la provincia más difícil; Vidal transcurrió toda su gestión siendo la dirigente con mejor imagen del país.

¿Qué dicen en el Gobierno de esto? Por supuesto, son pocos los que reconocen a viva voz la preocupación. Pero la inquietud existe, fundamentalmente porque nadie cree que esté asegurado el éxito en la gestión.

“La situación es más compleja de lo que creen todos y hay que tomar medidas muy finas y con mucha información”, observa un dirigente del espacio que oficia de nexo entre los integrantes de la coalición. La percepción es compartida por funcionarios de segunda y tercera línea. Por supuesto, ninguno de ellos conoce el “master plan” de Alberto para solucionar los problemas del país, si es que eso existe.

Durante el primer mes de gestión se vivió un esquema de anuncios y contra anuncios. La mayoría de las medidas tuvieron dos planos de análisis: en el comunicacional, vendidas como progresistas; en la práctica, una réplica del macrismo con supuestas mejores intenciones.

  • Un recorte de jubilaciones, disfrazada de solidaridad.
  • Un bono de $3000 en mano para trabajadores
  • Un Precios Cuidados con menos productos y unas pocas primeras marcas en las categorías centrales.
  • Una reforma impositiva en provincia de Buenos Aires con fuertes gravámenes, pero planteado por el gobernador como que es “solo 1000 pesos por año” para los que más tienen.

Es cierto que muchas veces lo que importa no es solo el titulo de las medidas sino su implementación global. Es claro que el peronismo tiene más vocación por proteger a los sectores populares que el macrismo.

La difícil situación económica se mezcla con problemas de gestión. Recién esta semana se nombró a la mayoría de los secretarios y subsecretarios. La próxima, se va a llenar el organigrama de director nacional para abajo y eso le va a dar un poco de oxígeno a la gestión.

También se adeuda el decreto de prórroga del Presupuesto 2019 que agilizaría las partidas presupuestarias para los ministerios vigentes y –fundamentalmente- le daría un marco presupuestario a los nuevos ministerios que aún están en un limbo financiero.

Las miradas críticas a la gestión apuntan, como en tiempos de Macri, a la jefatura de Gabinete, a cargo de Santiago Cafiero. “Es un hombre que no hace política”, se escuchó decir a un intendente del conurbano. “Es un cero a la izquierda y si hay que solucionar algo, se lo llama a Alberto directamente; es el secretario privado de Alberto”, consideran varios barones que prefieren centralizar la relación con Katopodis, Arroyo o “Wado” de Pedro.

Se suman las marchas y contramarchas en la comunicación, que incluso dentro del Gabinete apuntan a esa oficina.

  • El 11 de diciembre Santiago Cafiero desmintió desdoblamiento cambiario; finalmente se impuso el impuesto PAIS, que actuó como un desdoblamiento de hecho.
  • Ese día también descartó una reforma previsional. La ley de Solidaridad vino con cambios en la movilidad jubilatoria.
  • El 15 de diciembre dijo: "El Estado no puede determinar un bono para privados". Finalmente la misma ley le dio facultades a Alberto para aumentar por decreto.
  • El 16 de diciembre dijo sobre las retenciones. "No se modifican alícuotas". La mega ley también habilita a aumentarlas.

No fueron las únicas situaciones con la comunicación. Por fuera de la jefatura a fin de mes, anunciaron por lo bajo una suba de 5% naftas YPF y tuvieron que salir a desmentirlo por orden de Alberto.

Algo así pasó con la negociación por la coparticipación con Horacio Rodríguez Larreta. Todos sabían que se iba a reducir el monto de coparticipación secundaria que Macri le había dado a Larreta en 2016.

Larreta tuvo dos reuniones con el ministro del Interior "Wado De Pedro" y todo transcurría en la mayor de las calmas. Pero una filtración de esa medida que tomaría Alberto amenazó con dinamitar la paz entre ellos.

Al final, el mismo Alberto tuvo que salir a aclarar que todo era parte de una negociación y que todavía no se había fijado el número final de la reducción de fondos al distrito de uno de los principales líderes de la oposición.

Después de eso hasta Larreta tuvo que bajarle el precio al conflicto: “La sacamos barata”, dicen en el entorno de “Horacio”. La especulación es que esta baja viene a pedido de Cristina, que está muy insistente con redistribuir la coparticipación de la Ciudad. Creen cerca de Larreta que a cambio de esa medida podrá obtener otros beneficios: "Nos fumamos a Macri, no lo vamos a aguantar a Alberto", dicen lapidarios.

Más allá de algunas rispideces, adentro del Gobierno todos están conformes con el primer mes de gestión. Sienten que tienen margen y respaldo popular. Pero también saben que el período de gracia será más corto que el que tuvieron otros gobiernos.

En estos días empezará la negociación en serio con el FMI y los acreedores. Si las gestiones con los acreedores salen bien, saben que en marzo o abril empieza realmente la gestión Alberto.

por Pablo Winokur @pablowino
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