Este hito histórico tuvo lugar en un contexto de fuertes tensiones políticas y sociales en Argentina durante la década de 1850, tras la caída de Juan Manuel de Rosas. Buenos Aires enfrentaba un conflicto con la Confederación Argentina que duró casi diez años. En medio de esta situación, el gobernador Pastor Obligado impulsó reformas para modernizar la ciudad y la provincia, transformándola en un centro urbano en crecimiento y promoviendo proyectos como el ferrocarril, símbolo de progreso y desarrollo económico.
A partir de aquella primera línea ferroviaria, la red argentina se expandió con el tiempo hasta convertirse en un pilar fundamental del transporte nacional. Actualmente, para el servicio de corta distancia operan seis líneas principales en Buenos Aires: Roca, Sarmiento, Mitre, San Martín, Belgrano Sur y el Tren de la Costa, muchas de ellas con ramales que conectan distintos puntos de la provincia.
En cuanto a los servicios de larga distancia, existen ocho líneas que parten desde Buenos Aires hacia destinos como Mar del Plata, Córdoba, Junín y Tucumán, entre otros. Además, el sistema cuenta con siete rutas regionales que conectan zonas como La Banda-Fernández, Neuquén, Entre Ríos, Salta, Córdoba, Chaco y Rosario-Cañada de Gómez.
El ferrocarril no solo revolucionó el transporte, sino que fue clave para el crecimiento económico y la integración nacional, ayudando a posicionar a Argentina como uno de los países más desarrollados de Sudamérica en esa época.