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Ladrillo común o hueco: cuál conviene más para construir en casa

El arquitecto Marcelo Seia explica qué diferencias existen entre el ladrillo común y el hueco y qué aspectos conviene tener en cuenta al momento de elegir el material para construir.

La elección entre ladrillo común y hueco depende del tipo de construcción y de las características que se busquen para cada pared.

La elección entre ladrillo común y hueco depende del tipo de construcción y de las características que se busquen para cada pared.

A la hora de construir una pared, elegir entre ladrillo común y hueco no es una cuestión menor. El material elegido influye en aspectos como la resistencia, la velocidad de ejecución, la aislación térmica y acústica, el comportamiento frente a la humedad y el costo final de la obra.

Para el arquitecto Marcelo Seia, antes de tomar una decisión es necesario analizar las características de cada tipo de mampuesto y, sobre todo, determinar qué función tendrá el muro dentro de la construcción. No es lo mismo levantar una pared portante que realizar un cerramiento sobre una estructura independiente.

Ladrillo común o cerámico: cuál es la diferencia y qué conviene para construir

En la construcción tradicional se utilizan principalmente dos familias de materiales. Por un lado, está el ladrillo común, una pieza maciza fabricada con barro cocido. Por otro, el ladrillo cerámico, que se presenta como un bloque industrial con celdas o huecos.

La elección debe contemplar distintos criterios técnicos, entre ellos la capacidad de carga, la rapidez de ejecución, el comportamiento térmico y acústico, la resistencia frente a la humedad, la posibilidad de realizar instalaciones y el costo global del muro terminado.

En una obra pueden encontrarse dos grandes tipos de muros: los portantes, que soportan cargas de losas, entrepisos y cubiertas, y los muros de cerramiento, que se apoyan sobre estructuras independientes de hormigón armado o acero.

Según Seia, el ladrillo común, por tratarse de una pieza maciza, presenta un buen desempeño para la conformación de muros portantes, siempre que la calidad de cocción sea adecuada. También puede utilizarse en cerramientos.

En el caso del ladrillo cerámico, el arquitecto distingue dos categorías:

  • Bloques portantes de huecos verticales: están diseñados para absorber y transmitir cargas estructurales.
  • Bloques no portantes de huecos horizontales: se utilizan para cerramientos y divisiones interiores y no están destinados a recibir directamente el peso de las losas.

La elección definitiva debe estar respaldada por un cálculo estructural que contemple factores como el peso de las cubiertas, la luz de las losas, la resistencia del suelo y las condiciones sísmicas de la zona.

El tamaño de cada pieza también tiene una incidencia directa en el tiempo necesario para levantar una pared. El ladrillo común, debido a sus dimensiones más reducidas, requiere colocar una mayor cantidad de unidades por metro cuadrado. Esto implica más juntas de mortero y una mayor participación de mano de obra, por lo que el avance de la mampostería es más lento.

El ladrillo cerámico, en cambio, tiene un mayor volumen por unidad y permite cubrir una superficie superior con cada colocación. De esta manera, se reduce la cantidad de juntas de mezcla y también el tiempo de ejecución y el esfuerzo físico de la mano de obra.

Aislación térmica y humedad: qué diferencia hay entre ambos

El comportamiento térmico es otro de los aspectos que diferencia a ambos materiales.

Seia explica que el ladrillo cerámico posee cavidades internas que funcionan como cámaras de aire y ralentizan la transferencia de calor y frío. De acuerdo con los datos aportados por el arquitecto, una pared de ladrillo cerámico de entre 18 y 20 centímetros de espesor resulta entre un 40% y un 50% más aislante que un muro de ladrillo común de 20 centímetros, y entre un 20% y un 30% más aislante que una pared de ladrillo común de 30 centímetros.

El ladrillo común, al ser macizo y tener mayor masa, presenta una mayor inercia térmica. Esto significa que puede acumular energía y liberarla de manera gradual.

En cuanto a la humedad, ninguno de los dos materiales está pensado para permanecer expuesto directamente a la intemperie sin revoque e impermeabilización.

Ante una filtración, el comportamiento puede ser diferente. El arquitecto señala que, en el ladrillo común, al tratarse de una pieza maciza, la humedad suele hacerse visible cerca del punto por donde ingresó el agua.

En el ladrillo cerámico, en cambio, el agua puede desplazarse a través de los huecos internos. Por ese motivo, pueden aparecer manchas en sectores alejados del lugar de ingreso y el secado puede demandar más tiempo.

En materia de aislación acústica, Seia señala que el ladrillo común tiene una leve ventaja debido a su mayor densidad, especialmente frente al ruido aéreo, como voces o tránsito. De todos modos, para una vivienda de uso residencial convencional, la diferencia entre ambos materiales no resulta crítica.

Ladrillo común o cerámico: qué pasa con las instalaciones y las fisuras

El material también condiciona la forma de realizar canaletas para cañerías y de colocar elementos sobre las paredes.

En el ladrillo común, su condición maciza facilita, según el arquitecto, la realización de canaletas para el paso de instalaciones eléctricas o sanitarias. También permite colocar objetos pesados mediante sistemas de fijación adecuados.

En los ladrillos cerámicos no portantes de huecos horizontales, un calado excesivo puede comprometer la resistencia del muro o generar fisuras. Para colocar elementos de mayor peso es necesario utilizar fijaciones específicas para mampostería hueca o recurrir a las juntas de mortero para realizar el anclaje.

La cantidad de juntas de mortero también influye en el comportamiento de la pared. Para Seia, en el ladrillo común, la presencia de numerosas juntas por metro cuadrado aporta cierta elasticidad al sistema y permite amortiguar tensiones producidas por cambios de temperatura o pequeños asentamientos del terreno.

El ladrillo cerámico, al tener menos juntas, genera una pared más rígida. Si el proyecto no contempla las correspondientes juntas de dilatación o existen movimientos térmicos o estructurales, puede presentarse una mayor propensión a la aparición de microfisuras en el revoque de terminación.

Ladrillo común o cerámico: cuál es más económico

Para determinar cuál de los dos materiales resulta más económico, no alcanza con comparar el precio de cada ladrillo. El cálculo debe realizarse sobre el costo total del metro cuadrado de muro terminado, incluyendo materiales, mortero y mano de obra.

El ladrillo común tiene un precio unitario más bajo, pero requiere una mayor cantidad de piezas, más mortero de asiento y más tiempo de trabajo. Además, en algunos casos puede necesitar un mayor espesor de revoque para corregir las irregularidades de las piezas.

El ladrillo cerámico, aunque tiene un precio por unidad superior, permite reducir el consumo de mortero y el tiempo de mano de obra. A esto se suma la posibilidad de utilizar capas de revoque más delgadas, por lo que el costo final del muro terminado puede igualarse o incluso ser menor.

La elección entre ladrillo común y ladrillo cerámico depende de las características y necesidades de cada construcción. Como explica Seia, no se trata de que uno sea superior al otro en todos los casos.

Para muros portantes, pueden utilizarse ladrillos comunes o bloques cerámicos portantes de huecos verticales. En los cerramientos realizados sobre estructuras independientes, ambas alternativas pueden ser viables.

Además, el ladrillo es solo uno de los componentes de la envolvente de una construcción. El muro puede complementarse con revoques aislantes o sistemas de aislación exterior, como el SATE, para alcanzar los niveles de confort térmico requeridos de acuerdo con la zona climática y el presupuesto disponible.

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