Esta sobrecarga no se distribuye de manera equitativa, ya que las encuestas de uso del tiempo revelan una marcada desigualdad de género. Mientras que los varones dedican un promedio de 3 horas y 40 minutos diarios a tareas de cuidado, las mujeres destinan unas 6 horas por día, tiempo que se suma a su jornada laboral remunerada.
Esta realidad termina configurando la figura de la “madre pulpo” o el multitasking extremo, lo que deriva en un agotamiento profundo para esta generación.
La consecuencia emocional inmediata es que estos adultos suelen vivir con "mucha culpa" por sentir que “no están cuidando como deberían” a sus seres queridos o por el simple deseo de tener un tiempo propio, como irse de vacaciones.
Ante este escenario de entrega constante, Sichel plantea: “¿Quién cuida a los que cuidan?”. El debate filosófico y político sugiere que el cuidado no debería ser una carga individual o puramente familiar, sino una responsabilidad social compartida.
Qué solución se propone para la generación sándwich
Para avanzar hacia una solución, la especialista propone pensar en “ciudades cuidadoras” y redes de apoyo que no dependan exclusivamente de la familia de sangre, rescatando el espíritu de solidaridad vecinal que se vio durante la pandemia.
Finalmente, Sichel enfatiza que, en un mercado laboral que muta radicalmente por la inteligencia artificial, el trabajo de cuidado es irreemplazable. Por este motivo, sostiene que el Estado y la sociedad deben poner en valor estas tareas, entendiendo que el cuidado es una donación de tiempo que nos hace mejores humanos y requiere de políticas públicas que garanticen una buena calidad de vida para todos.