Tras recuperarse, encontró en el cuidado y rescate de animales una nueva forma de darle sentido a su vida. En 2006 comenzó a funcionar El Montecito de los Canichones, inicialmente en Bandera, su ciudad natal, y posteriormente en un predio ubicado sobre la Ruta 16, en el departamento La Banda.
Su fallecimiento abrió un interrogante sobre el futuro de los cerca de 250 animales que estaban bajo su cuidado. (Foto: redes sociales)
Con el paso de los años, el lugar se transformó en uno de los refugios de animales más reconocidos de Santiago del Estero. Incluso el particular nombre de los “canichones” había sido inventado por Groh Riemersma: era la palabra con la que llamaba cariñosamente a los perros que encontraba abandonados en la calle.
El refugio recibía especialmente animales que difícilmente podían encontrar otro lugar. Allí convivían perros con enfermedades, discapacidades, lesiones graves y también aquellos que habían atravesado años de abandono o maltrato. Al momento de la muerte de “El Polaco” había alrededor de 250 perros bajo su cuidado, aunque en determinados períodos El Montecito llegó a albergar a más de 400 animales.
Para Groh Riemersma, rescatar un perro era apenas el comienzo. Después había que garantizar su alimentación, tratamientos veterinarios y cuidados diarios. Para sostener semejante estructura contaba con voluntarios, madrinas, padrinos y vecinos que colaboraban con alimento y otros recursos.
Los rescates que marcaron la vida de “El Polaco”
Su compromiso con los animales trascendió las instalaciones del refugio. Durante años brindó charlas y talleres sobre maltrato animal en escuelas de Santiago del Estero y La Banda, además de participar en distintas iniciativas solidarias para colaborar con otros refugios.
Entre las historias que más lo habían marcado estaba la de Fidel, un perro que logró sobrevivir después de que un nene de 8 años le arrojara nafta y lo prendiera fuego. Casos como aquel reforzaron su compromiso con la protección animal y su decisión de denunciar el maltrato. Para “El Polaco”, cada uno de los perros que llegaba hasta sus manos tenía una historia y merecía una segunda oportunidad.
El proteccionista murió este jueves a los 49 años tras perder el control de su moto en una rotonda de Santiago del Estero. (Foto: gentileza LM Neuquén)
El último rescate de “El Polaco” horas antes de morir
Las últimas publicaciones que realizó en sus redes sociales reflejaron cómo transcurrieron sus horas finales: haciendo exactamente lo mismo a lo que había dedicado buena parte de su vida. Poco antes del accidente, llevó a varios perros del refugio a una peluquería canina y prometió mostrar posteriormente cómo habían quedado. No llegó a hacerlo.
Ese mismo día había salido junto a voluntarios para repartir bolsas de alimento entre otros refugios. Durante esa recorrida apareció una perra que necesitaba ayuda. Fue su último rescate.
La llamó Martina y decidió llevarla al refugio. “La cargué en la camioneta y se vino conmigo”, había escrito en sus redes sociales al presentar a la nueva integrante de El Montecito. Horas después, Groh Riemersma murió en un accidente de tránsito tras perder el control de su moto en una rotonda de Santiago del Estero.
Qué pasará con los 250 perros tras la muerte de Eduardo Groh Riemersma
La muerte de “El Polaco” generó una preocupación inmediata: qué ocurrirá con los aproximadamente 250 perros que vivían en El Montecito de los Canichones y dependían de los cuidados diarios del refugio.
El espacio cuenta con personería jurídica propia, una condición que permite que continúe funcionando más allá de la figura de su fundador. Sin embargo, ahora será necesario reorganizar las tareas y garantizar los recursos necesarios para mantener a los animales.
La continuidad dependerá tanto de las personas que ya colaboraban con El Montecito como del acompañamiento de la comunidad que durante años ayudó a sostener el proyecto. Alimento, medicamentos, atención veterinaria y cuidados son necesarios todos los días. El desafío será mantener en funcionamiento la obra que “El Polaco” construyó durante casi dos décadas y garantizar el cuidado de los cientos de perros a los que dedicó su vida.