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Una historia macabra: Fina Andrade Riviere, la partera del horror

Documentos América reveló la historia de un grupo de bebés nacidos en una clínica clandestina en Gerli, entre 1955 y 1986. La partera engañaba a las madres, haciéndoles creer que los recién nacidos habían fallecido.
Fina Andrade Riviere

Fina Andrade Riviere, la partera del horror. (Foto: captura)

Nacieron en una clínica clandestina, fueron vendidos de bebés y hoy buscan a sus familias. Todos tienen un denominador común: Fina Andrade Riviere, una partera de Gerli que trabajó en distintos hospitales y montó en su casa de la calle Ushuaia 428, en Gerli, una sala de partos.

Hasta allí llevaba a mujeres vulnerables, algunas de las cuales trabajaban en prostíbulos, les inducía el parto y vendía los bebés a parejas que no podían tener hijos. Esos recién nacidos hoy son adultos y se unieron para averiguar qué hizo Fina con ellos y quiénes son sus progenitores. Se autodefinen como “buscadores de verdad”, la verdad que se llevó a la tumba.

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Los testimonios de las víctimas de Fina Andrade Riviere

"Cuando yo tenía 10 años, mi mamá me sienta un día y me dice que yo era adoptada. A los 10 días más o menos ella me lleva la casa de la partera y, cuando la veo la partera lo único que me dice es ´mi amor, ¿a vos quién te da de comer?´ yo me giro y le digo mi mamá, ´bueno esa es tu mamá, no tenés más nada que buscar´", contó Rossana Ottaviano.

Y añadió: "Después a los 31 años volví a lo de Fina y me fue mostrando en una habitación donde atendía las chicas, había incubadoras viejas, camillas... todo dentro de su casa porque ella hacía todo con su familia viviendo adentro".

Karina Galluccio, otra de las víctimas de la partera, sostuvo: "Mi mamá venía de muchos abortos espontáneos, de mucho sufrimiento, de depresión al no poder ser mamá".

En esa línea, agregó: "Ellos legalmente no podían adoptar y cuando hablé con mi papá le dije ´pero papi, me compraste´ y mi papá me mira y me dice ´no dice yo pagué los gastos nada más, los gastos de internación´".

Norberto Ferreiro, por su parte, precisó: "El valor de una compra era, más o menos, un departamento. Los niños morochos tenían un valor, los niños rubios tenían otro, entonces todo esto era su negocio", completó.