Un año después, en 1993, llegó a Boca Juniors, aunque su paso por el club de la Ribera fue breve. Disputó apenas cuatro partidos: tres amistosos y uno oficial. Entre ellos, se destacó su participación en el superclásico de verano ante River Plate en Mendoza, que terminó con derrota por 2-0. Su único encuentro por puntos oficiales fue en el Torneo Apertura 1994, durante la goleada ante Lanús por 5-0, cuando reemplazó a Carlos Fernando Navarro Montoya debido a una lesión.
A pesar de la corta estadía en Boca, Silva dejó una huella entre quienes lo vieron atajar y quienes compartieron vestuario con él. Su profesionalismo y compromiso fueron valorados en todos los clubes en los que jugó, y su paso por el fútbol argentino se recuerda con respeto.
Una vida dedicada al fútbol
Tras colgar los guantes, Silva continuó ligado al deporte que lo había acompañado toda su vida. En 2002, fue ayudante de César Luis Menotti en Rosario Central y más tarde trabajó junto a Ángel Cappa, colaborando en la formación de jugadores y transmitiendo su experiencia como arquero profesional.
Su rol como formador y asistente técnico permitió que generaciones de futbolistas jóvenes se beneficiaran de sus conocimientos y disciplina. Amigos y colegas destacan su carácter humilde, su pasión por el fútbol y su disposición a enseñar a quienes comenzaban sus carreras.
El recuerdo de compañeros y aficionados
La noticia del fallecimiento de Silva provocó reacciones inmediatas en redes sociales y en los clubes donde jugó. Deportistas, excompañeros y fanáticos expresaron su dolor y enviaron mensajes de condolencia a su familia. Desde Deportivo Morón, Argentinos Juniors y Boca Juniors, los clubes emitieron comunicados lamentando la pérdida y recordando su trayectoria dentro del fútbol argentino.
Su vida y carrera se recordarán no solo por los partidos que disputó, sino también por su contribución a la formación de jugadores y por su dedicación inquebrantable al deporte. Silva representa a esa generación de futbolistas que, aunque no siempre alcanzaron la fama masiva, dejaron una marca profunda en sus clubes y en quienes compartieron su camino.
Un legado de pasión y entrega
Carlos Silva deja un legado de entrega, profesionalismo y amor por el fútbol, tanto dentro como fuera de la cancha. Su historia recuerda la fragilidad de la vida, y cómo incluso quienes parecen fuertes y resilientes pueden ser sorprendidos por hechos inesperados.
A 60 años, su repentina muerte enluta al fútbol argentino y a toda la comunidad deportiva que lo conoció. Su familia, amigos y colegas enfrentan ahora la difícil tarea de sobrellevar la pérdida de un padre, mentor y compañero, mientras el recuerdo de su carrera y dedicación al fútbol permanece intacto.