Las dos duras derrotas consecutivas de River en el comienzo del semestre reactivaron una bomba de tiempo interna: la situación de los futbolistas marginados que se entrenan separados en el predio de Cantilo. Con un clima enrarecido, y luego de que varios referentes del plantel pidieran reconsiderar la postura con algunos de ellos (principalmente con Germán Pezzella), la dirigencia millonaria encuentra serias dificultades para aliviar la nómina.






