El mandatario está dispuesto a tomar todas las medidas que crea necesarias - sin medias tintas - para reimponer el orden en el país.
La violencia llegó rápidamente a París. Por seguridad, la ciudad decidió suspender por este día el servicio de subte. Una red fundamental para el trabajo de millones de personas en la capital francesa. Pero las autoridades saben que su excelente y amplia red subterránea ha permitido los desplazamientos de los violentos de un punto a otro de la ciudad en las anteriores crisis.
Los datos parecen darle la razón a la alcaldesa Anne Hidalgó. Solo en la noche del jueves hubo 408 detenidos en París y sus suburbios. Pero la violencia toma un rumbo cada vez más peligroso. Las protestas toman como blanco lo que está al alcance de la mano.
Más de 2.000 vehículos quemados, 3.900 incendios en la vía publica y casi 500 edificios atacados en sus frentes y ventanas demuestran como va escalando la gravedad del conflicto.
Los agentes policiales van aumentando en todo el país en el intento por recuperar la paz social. Ya son 40.000 los efectivos que están destinados exclusivamente para contener la violencia que sigue este día viernes.
La causa contra el policía que asesinó a Nahel por no aceptar un control vehicular sigue su marcha. Pero las desigualdades de la sociedad francesa están ya en la superficie. Cualquier tema, deriva hacia estallidos que marcan esa brecha que parece insalvable en uno de los países más avanzados de Europa y del mundo.
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El metro de París, suspendido por las protestas en las calles. (Foto: Gentileza Les Temps)