La imagen de Maduro esposado y escoltado fuera de la base militar más grande de Venezuela se convirtió en el símbolo de una acción milimétrica. Según relató Rubio, no fue fruto de la improvisación, sino el resultado de una estrategia que priorizó capturar al principal objetivo de Estados Unidos. Junto a él, su esposa también fue arrestada, ambos señalados por delitos de narcotráfico.
Rubio insistió en la complejidad logística de la operación: aterrizar helicópteros en la base militar más resguardada del país, irrumpir en la residencia de Maduro, esposarlo, leerle sus derechos y extraerlo del territorio venezolano en cuestión de minutos, todo sin bajas estadounidenses. “¿Entonces querías que aterrizáramos en otras cinco bases militares?”, replicó ante quienes cuestionaron los límites del despliegue.
Para los estrategas militares y políticos de Estados Unidos, lo que para muchos parecía la oportunidad de desarticular por completo el círculo íntimo del régimen fue una cuestión de cálculo y prioridades. Desde el gobierno de Donald Trump reiteraron que la captura de Maduro era el golpe decisivo y el mensaje central: ningún cargo, por influyente que sea, está fuera del alcance de la justicia internacional.