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Pintaron de blanco 300 techos de casas humildes y el resultado que obtuvieron dejó a todos SORPRENDIDOS

A comienzos del siglo XXI, en una ciudad acostumbrada a soportar veranos intensos, un grupo de investigadores decidió poner a prueba una idea que, a primera vista, parecía demasiado simple para producir grandes resultados. La propuesta consistía en cubrir de blanco los tejados de cientos de viviendas de Filadelfia, en Estados Unidos, con el objetivo de comprobar cuánto podía cambiar la temperatura dentro de las casas.

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Pintaron de blanco 300 techos de casas humildes y el resultado que obtuvieron dejó a todos SORPRENDIDOS

Pintaron de blanco 300 techos de casas humildes y el resultado que obtuvieron dejó a todos SORPRENDIDOS

A comienzos del siglo XXI, en una ciudad acostumbrada a soportar veranos intensos, un grupo de investigadores decidió poner a prueba una idea que, a primera vista, parecía demasiado simple para producir grandes resultados. La propuesta consistía en cubrir de blanco los tejados de cientos de viviendas de Filadelfia, en Estados Unidos, con el objetivo de comprobar cuánto podía cambiar la temperatura dentro de las casas.

No se trataba de instalar equipos sofisticados ni de incorporar una tecnología costosa. El principio detrás del experimento era conocido desde hacía muchísimo tiempo: una superficie clara refleja una mayor proporción de la radiación solar, mientras que una superficie oscura tiende a absorberla y transformarla en calor.

La experiencia recibió el nombre de Philadelphia Cool Homes Project y terminó aportando datos que todavía despiertan interés cuando se buscan alternativas para reducir el impacto de las altas temperaturas sobre las viviendas y, al mismo tiempo, disminuir el consumo energético.

El punto de partida era sencillo: si una cubierta recibe durante horas la radiación del sol y absorbe buena parte de esa energía, una parte del calor termina transmitiéndose hacia el interior de la vivienda. Si, en cambio, el techo refleja una mayor cantidad de radiación, la superficie puede mantenerse más fría y reducir la cantidad de calor que ingresa al edificio.

El experimento realizado en Filadelfia permitió llevar esa hipótesis al terreno práctico.

El experimento de Filadelfia con 340 viviendas

Entre 2001 y 2003, la Energy Coordinating Agency de Filadelfia implementó revestimientos blancos reflectantes sobre los tejados de aproximadamente 340 viviendas.

Las casas seleccionadas tenían una característica particular: estaban ocupadas principalmente por personas mayores de bajos ingresos, un grupo que podía verse especialmente afectado por las consecuencias de las temperaturas elevadas y, al mismo tiempo, por el costo de utilizar sistemas de refrigeración durante períodos prolongados.

La mayoría de las viviendas correspondía al típico modelo de casas adosadas de Filadelfia, una configuración habitual en numerosos barrios de la ciudad.

La elección de esta población no fue menor. El calor intenso puede representar un problema importante para las personas mayores, especialmente cuando las viviendas presentan dificultades para conservar una temperatura confortable. A esto se suma otro factor: mantener encendido el aire acondicionado durante muchas horas implica un mayor consumo de electricidad.

El proyecto buscaba comprobar si una intervención relativamente económica sobre la cubierta podía actuar antes de que el calor alcanzara los ambientes interiores.

En otras palabras, la estrategia no consistía únicamente en enfriar una casa cuando ya estaba caliente. La idea era evitar que una parte de ese calor ingresara desde el principio.

Los resultados terminaron mostrando diferencias medibles.

Qué ocurrió con la temperatura de los tejados blancos

Uno de los principales indicadores analizados durante el proyecto fue la temperatura alcanzada por las superficies interiores de las cubiertas.

Después de aplicar los revestimientos reflectantes, las temperaturas máximas de la superficie interior de los techos descendieron entre 2,2 y 2,8 °C.

Aunque pueda parecer una diferencia pequeña cuando se observa únicamente el número, en una vivienda expuesta durante varias horas a la radiación solar el efecto acumulativo puede ser significativo.

La cubierta funciona como una de las principales barreras entre el exterior y los ambientes superiores de una vivienda. Durante una jornada calurosa, un techo oscuro puede alcanzar temperaturas considerablemente superiores a la del aire que lo rodea.

Al modificar sus propiedades de absorción y reflexión, se reduce la cantidad de energía que termina transformándose en calor dentro de la estructura.

El proyecto también registró cambios en la temperatura del aire de las habitaciones ubicadas en la parte superior de las viviendas.

En los dormitorios que no disponían de aire acondicionado, la temperatura máxima del aire disminuyó alrededor de 1,1 °C.

El dato resulta particularmente interesante porque muestra que el efecto no quedó limitado al propio techo. La modificación de la cubierta tuvo una consecuencia sobre las condiciones térmicas del espacio habitable.

El dato que más llamó la atención: el consumo eléctrico

Sin embargo, uno de los resultados más relevantes del experimento apareció cuando los investigadores observaron el uso de electricidad.

Las viviendas participantes redujeron, en promedio, alrededor de 560 kWh anuales destinados al funcionamiento del aire acondicionado.

La cifra permite entender por qué el concepto de cool roof comenzó a ganar interés en diferentes lugares.

Un sistema de aire acondicionado no necesita trabajar con la misma intensidad si la vivienda recibe menos calor desde el exterior. Por eso, cualquier estrategia que reduzca la carga térmica puede tener un efecto posterior sobre la cantidad de energía necesaria para mantener una temperatura determinada.

El razonamiento es casi intuitivo: si entra menos calor, hace falta expulsar menos calor.

El revestimiento blanco no reemplazaba al aire acondicionado, pero podía disminuir parte del trabajo que debía realizar.

Para viviendas de bajos ingresos, esta diferencia podía tener además una dimensión económica. Reducir el consumo energético significa también disminuir una parte del gasto asociado a la refrigeración durante los meses de temperaturas elevadas.

El proyecto de Filadelfia, por lo tanto, puso sobre la mesa una cuestión que continúa vigente: la eficiencia energética de una vivienda no depende exclusivamente de los aparatos que funcionan dentro de ella, sino también de la forma en que está construida y de cómo sus materiales interactúan con el ambiente.

Por qué un techo blanco puede ser más fresco

La explicación científica detrás de los tejados blancos no requiere una tecnología especialmente compleja.

El Sol emite radiación que alcanza constantemente las superficies expuestas. Cuando esa radiación llega a un material oscuro, una proporción importante puede ser absorbida.

La energía absorbida se transforma posteriormente en calor y eleva la temperatura de la superficie.

Los materiales claros y reflectantes, en cambio, pueden devolver hacia el exterior una mayor cantidad de esa radiación.

Aquí aparece un concepto fundamental: el albedo.

El albedo es una medida que permite describir la capacidad de una superficie para reflejar la radiación solar. Se expresa habitualmente en una escala que va de 0 a 1: un valor más cercano a 1 representa una superficie que refleja una mayor proporción de la radiación incidente.

Por eso, cuando se habla de un “tejado frío” o cool roof, no se hace referencia simplemente a pintar una cubierta de blanco por una cuestión estética.

El objetivo es conseguir una superficie con alta reflectancia solar y que además tenga capacidad para emitir hacia el exterior parte de la energía que sí llegó a absorber.

El resultado buscado es una cubierta con menor temperatura durante los períodos de mayor exposición solar.

El concepto de “cool roof” fue más allá de Filadelfia

La experiencia de Filadelfia no apareció de manera aislada.

Durante décadas, investigadores y organismos públicos analizaron distintas estrategias para reducir el calentamiento de las construcciones mediante materiales y superficies capaces de reflejar una mayor cantidad de radiación solar.

Un antecedente citado con frecuencia se remonta a 1995, cuando una escuela de Florida implementó un revestimiento blanco en su cubierta y registró una reducción de aproximadamente 13.000 kWh en su consumo eléctrico.

Otros estudios realizados posteriormente en lugares como California también encontraron reducciones en las temperaturas de las superficies y cambios en las necesidades energéticas de los edificios.

Estos resultados ayudaron a ampliar el debate. La cuestión ya no era solamente si una vivienda podía estar unos grados más fresca, sino si determinadas decisiones sobre las cubiertas podían contribuir a reducir la demanda de electricidad durante las jornadas de calor.

La importancia del asunto aumentó a medida que las ciudades comenzaron a prestar mayor atención al denominado efecto de isla de calor urbana.

De los tejados blancos al problema de las ciudades

El fenómeno de la isla de calor urbana describe una situación en la que determinadas zonas construidas pueden alcanzar temperaturas superiores a las de áreas rurales o menos urbanizadas cercanas.

El motivo es que las ciudades concentran grandes superficies de materiales como hormigón, asfalto y techos que absorben radiación solar.

Durante el día, esos materiales acumulan energía. Después, parte de ese calor vuelve a liberarse hacia el ambiente.

El resultado puede ser una ciudad que conserva temperaturas elevadas incluso cuando el Sol ya desapareció.

Los tejados representan una parte importante de esa superficie disponible para modificar el comportamiento térmico de las ciudades.

Por eso, desde hace décadas, distintos investigadores plantearon la posibilidad de incrementar la reflectividad de edificios y pavimentos para reducir la cantidad de energía solar absorbida.

La idea incluso llegó a formar parte de investigaciones climáticas a gran escala. Algunos modelos analizaron qué ocurriría si se incrementara de manera considerable el albedo de determinadas superficies urbanas y globales.

Sin embargo, es importante diferenciar entre una estimación teórica y una reducción efectiva de las emisiones atmosféricas.

Hacer una superficie más reflectante no equivale automáticamente a retirar dióxido de carbono de la atmósfera. Se trata de una estrategia diferente, vinculada principalmente al balance energético y a la temperatura de las superficies.

El método tiene ventajas, pero no funciona igual en todos los lugares

El entusiasmo por los tejados blancos no significa que sean una solución universal.

Las condiciones climáticas de cada región pueden modificar completamente el balance de beneficios.

Una de las cuestiones que deben considerarse es el invierno. En una zona con temperaturas bajas durante buena parte del año, una cubierta oscura puede absorber radiación solar y contribuir al calentamiento del edificio.

Un tejado altamente reflectante puede reducir ese aporte.

Por esa razón, la conveniencia de un cool roof depende de factores como el clima, la orientación de la vivienda, el aislamiento, el tipo de cubierta, el sistema de calefacción y refrigeración y el período del año analizado.

También existe otro inconveniente: las superficies blancas pueden ensuciarse.

El polvo, la contaminación y otros residuos acumulados sobre la cubierta pueden disminuir su capacidad de reflexión con el paso del tiempo. Esto significa que el comportamiento inicial de un revestimiento no necesariamente se mantiene idéntico durante años.

El mantenimiento, por lo tanto, forma parte de la ecuación.

Una idea antigua que volvió a ganar protagonismo

Lo llamativo de la experiencia de Filadelfia es que no necesitó una tecnología futurista para producir resultados cuantificables.

El proyecto utilizó una propiedad física elemental: reflejar más radiación solar para absorber menos energía térmica.

A partir de allí, una modificación aplicada sobre los tejados logró reducir las temperaturas máximas de las superficies interiores, disminuir parcialmente la temperatura del aire en habitaciones sin refrigeración y, según los resultados del proyecto, reducir en cientos de kilovatios-hora por año el consumo eléctrico destinado al aire acondicionado.

Más de dos décadas después, el experimento continúa siendo una referencia interesante porque plantea una pregunta muy actual: ¿cuánto calor puede evitar una vivienda antes de necesitar utilizar energía para enfriarse?

En un escenario de temperaturas extremas y creciente demanda eléctrica durante los períodos cálidos, la respuesta no necesariamente está únicamente en instalar equipos de mayor potencia.

También puede estar en cómo se comporta el edificio frente al Sol.

Los tejados blancos, los materiales reflectantes y el concepto de cool roof forman parte de una estrategia más amplia de diseño y eficiencia energética que busca reducir la cantidad de calor que reciben las construcciones.

La experiencia de las 340 viviendas de Filadelfia mostró que una intervención aparentemente elemental podía generar diferencias medibles.

Y ese es quizás el aspecto más llamativo del experimento: una capa reflectante sobre un techo existente consiguió modificar el comportamiento térmico de las viviendas sin necesidad de transformar por completo su estructura.

La solución no elimina el calor, no reemplaza al aire acondicionado y tampoco funciona de la misma manera en todos los climas. Pero demuestra que, en determinadas condiciones, evitar que la radiación solar se convierta en calor dentro de una vivienda puede ser tan importante como intentar expulsarlo una vez que ya ingresó.

Esa idea, sencilla en su origen, es la que convirtió a los llamados tejados fríos en una alternativa estudiada durante décadas y que todavía vuelve a aparecer en el debate sobre cómo adaptar las ciudades y las viviendas a períodos de calor cada vez más exigentes.

En pocas palabras

  • Tejados blancos: Experimento en Filadelfia pintó 300 casas humildes para medir impacto térmico, logrando reducir el calor interno.
  • Resultados medibles: Las superficies internas de los techos bajaron hasta 2,8°C y la temperatura del aire en dormitorios sin aire acondicionado disminuyó 1,1°C.
  • Ahorro energético: Se redujo el consumo eléctrico anual del aire acondicionado en 560 kWh por vivienda, demostrando eficiencia en climas cálidos.
Resumen generado por Thinkindot AI
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