diego fernandez lima cristian graf
La Justicia ordenó una medida cautelar sobre la casa de Cristian Graf.
Durante el procedimiento utilizaron un georradar, un dispositivo que permite detectar alteraciones y elementos bajo tierra sin necesidad de excavar. El objetivo era determinar si existían más pruebas relacionadas con el homicidio del adolescente.
Sin embargo, el resultado del operativo fue negativo y no se encontraron nuevos restos ni elementos de interés para la causa.
El caso que conmocionó a Buenos Aires: qué pasó con Diego Fernández Lima
Diego Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció el 26 de julio de 1984. Ese día había almorzado con su madre y salió de su casa con dinero para visitar a un amigo. La última vez que fue visto fue en la esquina de Rómulo Naón y Monroe, en Villa Urquiza.
Sus padres denunciaron la desaparición en la Comisaría 39, pero en aquel momento el caso fue archivado bajo la hipótesis de una supuesta fuga voluntaria.
A partir de entonces, la familia inició una búsqueda desesperada que incluyó campañas en medios de comunicación y reparto de panfletos. El padre del joven murió en 1986 sin conocer qué había ocurrido con su hijo.
lugar donde apareció FErnández Lima
El sector lindero entre la obra en construcción y la casa de los Graf donde aparecieron los restos.
Cómo encontraron los restos del adolescente desaparecido en 1984
El 20 de mayo del año pasado, obreros que trabajaban en un terreno de la avenida Congreso 3748 descubrieron restos óseos enterrados en un jardín lindero a la vivienda donde residía Cristian Graf junto a su familia desde la década del ‘70.
La investigación quedó a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y del fiscal Martín López Perrando. Tras analizar 151 fragmentos óseos, los expertos lograron confirmar que pertenecían a Diego Fernández Lima.
Las pericias determinaron que el adolescente fue asesinado de una puñalada en el pecho, lesión que dejó una marca en la cuarta costilla derecha.
Según los investigadores, después del crimen intentaron desmembrar el cuerpo sin éxito y luego lo enterraron en una fosa improvisada a unos 60 centímetros de profundidad.