Alberto Fernández, el presidente de la pandemia: el año que la Casa Rosada congeló la economía e impuso un virtual estado de sitio

por Stella Gárnica | 26 de dic de 2020 - 07:23
Alberto Fernández, el presidente de la pandemia: el año que la Casa Rosada congeló la economía e impuso un virtual estado de sitio

Entre la incertidumbre por la vacuna, el congelamiento de la economía, las internas y las inconsistencias en la comunicación, Alberto termina el fatídico 2020 como "el Presidente que gobernó la pandemia".

Lo admitió en cada discurso que pudo: "Quiero que me recuerden en la historia como el Presidente que supo capear la tormenta de la pandemia". Y admitió que le hubiera gustado poder cumplir el plan de reactivación económica con el que llegó, pero que recibió a Argentina en terapia intensiva y sobre llovido, mojado: vino la pandemia y el agravamiento de la crisis.

Ante las terroríficas fotos que venían desde Europa con gente muriendo en las calles, hospitales abarrotados de pacientes, con médicos envueltos en trajes estilo astronautas y efectivos de seguridad cazando personas como mosquitos, Alberto se adelantó con medidas.

Apenas se conoció la primera muerte oficial de coronavirus a mediados de marzo de 2020 en el país, el Presidente decretó un virtual estado de sitio que, aconsejado igual que otros gobiernos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue denominado como Aislamiento Preventivo y Obligatorio (ASPO) para controlar la circulación del mortal virus Covid-19.

En ese marco, con el consenso de la OMS y buena parte de los gobiernos del mundo, Alberto encontró la forma legal para prohibir la circulación de personas y encerrar a todos los argentinos en sus casas, solo salir para comprar alimentos y elementos esenciales.

Así, los argentinos que debían trabajar para ayudar a mantener un mínimo funcionamiento de la sociedad en medio de la peor pandemia en siglos se convirtieron en los "esenciales", una categoría inédita en la historia de la humanidad y de Argentina. El resto vio congelado su poder de salir de sus casas, su economía, sus actividades sociales, sus encuentros familiares.

2020 fue el año en que la Casa Rosada vivió desierta. Durante los 8 meses más estrictos de cuarentena, solo un puñado de funcionarios asistió al trabajo presencial al edificio museo de Balcarce 50.

El jefe de gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro del interior, Wado de Pedro, -los únicos dos que tienen despacho en Balcarce 50 junto al Presidente- con sus equipos de colaboradores divididos en varios pequeños grupos, se turnaron para reuniones presenciales cada semana.

Los tiempos del Gobierno se vieron afectados por los tiempos de la pandemia. Los períodos de 14 días (el tiempo que dura el virus en el cuerpo, según se fue conociendo de a poco) se colaron en cada decisión de gobierno, tanto sanitaria como económica.

La comunicación se vio afectada: pasó de actos presenciales, viajes al interior y conferencias de prensa presenciales, a ser todo por videollamadas, redes sociales y gacetillas. El home office ocupó a la mayoría de los 800 empleados que habita regularmente en la Casa Rosada.

Nuevas tecnologías de control de temperatura en edificios oficiales, estaciones de trenes y colectivos, gente siendo detenida y vehículos secuestrados en las autopistas y las calles de la Ciudad y del conurbano.

Municipios y provincias que cerraron sus fronteras con el aval presidencial para evitar la circulación del virus y contagios. Medidas que, sin embargo, al hacer el balance anual de resultados, no lograron frenar que Argentina se termine ubicando entre los primeros 10 lugares de los países con más contagios y más muertes.

Más de 42.000 fallecidos de COVID-19 y el culebrón de la vacuna rusa que dejó descolocado al Gobierno, que prometía su llegada para Navidad. Y en el medio, el presidente ruso, Vladimir Putin, diciendo que, en realidad, no está autorizada para mayores de 60 años, poniendo en duda el principal objetivo de la vacuna: evitar la muerte de la población de mayor riesgo.

El Presidente recluido en Olivos, pero incumpliendo contradictoriamente muchas veces sus órdenes de distanciamiento social, fue en varias ocasiones criticado por violar la distancia de 2 metros con sus interlocutores. Al mismo tiempo, se filtraban las fotos donde aparecía en reuniones cerradas y sin usar tapabocas. Hasta tuvo que pedir disculpas públicamente por esas imágenes.

Alberto se mostró como un ser humano más al que le cuesta cumplir órdenes. Prefirió dejar de lado el control absoluto de la población que impulsaba el ultrakirchnerismo por miedo a quedar atrapado bajo el rótulo de gobierno autoritario -tuvo que soportar cientos de marchas y banderazos opositores-. Y por eso, dejó de lado el uso de la app Cuidar, una plataforma similar a la usada en China, con la que se controlaban los movimientos de cada ciudadano por su celular.

La aplicación desarrollada por la Secretaría de Innovación Tecnológica, dependiente de la Jefatura de Gabinete, solo se terminó aplicando finalmente para controlar el cumplimiento del aislamiento social a quienes dieran positivo de coronavirus.

"Gobernar la pandemia es gobernar la incertidumbre". Fue otra de las frases que se vio reflejada en cada medida y la forma de anunciarlas. Cambios de último momento, actos anunciados que se modificaron sobre la hora, y una agenda presidencial virtual.

Y finalmente, su alineamiento y búsqueda de equilibrio entre el ultra kirchnerismo -tratando de retener a los sectores medios que lo votaron y temen una venezuelización de Argentina- y el peronismo más ortodoxo, que con gobernadores e intendentes del conurbano intentará en 2021 seguir poniendo freno a un avance total de La Cámpora en sus territorios.

Con Sergio Massa como principal aliado junto a gobernadores e intendentes, Alberto fue capeando también la otra pata de la pandemia: la crisis económica y las internas en la coalición gobernante.

Los chispazos internos con Cristina por la reforma judicial; el freno al pliego de su candidato a procurador general; las negociaciones con el FMI y el ajuste en la ley de movilidad para jubilados; o la postura frente a Venezuela, fueron los temas que desencadenaron el nuevo escenario.

Menos diálogo hacia adentro y más fotos hacia afuera. Alberto resistiendo cambios de gabinete que le intentaba imponer Cristina y un fin de año con la foto inicial, juntos pese a todo como cuando asumieron, que se terminó de hilvanar alrededor del gobernador Axel Kicillof en el territorio bonaerense, el mayor bastión electoral de Cristina y que pretende cooptar La Cámpora.

Un gobierno peronista, con sus extremos adentro, y el inicio de actos de campaña con la mirada puesta en la cuestión social, es la foto final del primer año de gobierno de Alberto, que por momentos quedó desdibujado por las demostraciones de poder latente de la vicepresidenta y jefa de la coalición gobernante, Cristina Kirchner. ¿De ella seguirán siendo la mayoría de los votos, como admitió alguna vez Alberto?

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