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Alberto y la necesidad de encontrar un relato que lo diferencie de Macri y de Cristina

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Alberto y la necesidad de encontrar un relato que lo diferencie de Macri y de Cristina

Alberto Fernández va a dar su primer discurso como presidente en funciones ante el Congreso. El principal desafío que tiene es el de encontrar un relato y un tono para encender la épica de un gobierno que por ahora no arranca. Todo en medio de un fuego interno que le pide más pruebas de amor.

El gobierno de Alberto Fernández está virtualmente paralizado. El único programa económico que tiene es esperar a que el “Hombre Invisible”, Martín Guzmán, haga su magia, negocie con los acreedores, consiga plazo del FMI y le permita a Matías Kulfas, ministro de Producción, usar todo ese dinero sobrante para reactivar la industria, que se contrate gente, aumentar el consumo y generar un círculo de prosperidad. Parecen demasiadas condicionalidades.

Alberto va a intentar convencer adentro del Congreso de que existe un futuro mejor. Afuera, en las calles, habrá mucho peronismo escuchando: intendentes, gobernadores, dirigentes sociales y sindicatos convocan a marchar a una "Plaza del Sí", como la que en su momento le dieron a Menem, Néstor y Cristina.

La movilización la planteó el Chino Navarro en la última reunión del Consejo del PJ. Sugirió que había que hacer una gran convocatoria en apoyo al Presidente para que “sienta el apoyo del pueblo”, especialmente en el tramo que va desde la Casa Rosada al Congreso.

El Consejo del PJ resolvió que cada PJ local hará la movilización que considere. Los intendentes adhirieron inmediatamente. Habrá que ver cuántas banderas son de La Cámpora.

Adentro del albertismo se defienden de las críticas y creen que están haciendo las cosas bien: un plan de contención de lo urgente (tarjeta alimentaria, emergencia sanitaria, congelamiento de tarifas, precios cuidados), mientras se negocia con los acreedores. Después sí, lanzaría su plan de gobierno. El problema es que en la Argentina no siempre hay después.

Alberto recibe muchas críticas internas, especialmente del kirchnerismo duro por la poca celeridad que le da a la gestión.

Por eso la semana pasada redobló la apuesta en todos los campos:

  • Sacaron la ley de jubilaciones de un día para el otro y con un quórum dudoso.
  • Anunció (anticipadamente) que iba a presentar el proyecto para la reforma judicial para restarle poder a Comodoro Py.
  • Autorizó –personalmente- al senador Guillermo Snopek a presentar un proyecto para intervenir la Justicia de Jujuy.

La sobreactuación de la celeridad llegó hasta la amenaza de sacar la reforma de la jubilación de los de los jueces el mismo viernes en el Senado, un día después de que se aprobara en Diputados. Para eso necesitaban los dos tercios de los votos del Senado que no tienen.

En cambio, Alberto recibe más apoyos de los intendentes, que son los que más van a bancar la movilización. Están conformes con cómo “les pagó” el gobierno nacional (con cargos y fondos) y siguen cruzados con Axel Kicillof. El viernes hubo una reunión entre los ediles de la 3° sección electoral (el sur del conurbano) en la residencia del gobernador. Comieron ensalada rusa, milanesas de mozzarella y carnes, pero la cosa no terminó muy bien. Por eso quieren mostrar su poder de fuego este domingo.

Guzmán volvió el jueves desde Estados Unidos después de una semana de gira. Hay hermetismo total sobre el contenido de las reuniones que mantuvo tanto con el Fondo como con los inversores.

Sus allegados se limitan a decir que todo avanza según lo esperado. Algunos se alarman por las licitaciones de letras que viene haciendo el ministerio que en su mayoría quedan desiertas. Según publicó el sábado A24.com se trata de un juego de póker con los acreedores: estas rondas refuerzan la idea de que la deuda es impagable, que es lo que necesita el Gobierno para negociar desde una posición de fuerza.

Alberto tiene el desafío de encontrar este domingo un tono y un relato. Por ahora, es bastante parecido al que tenía Macri.

  • Destacar la buena recepción que tiene en el mundo la figura de Alberto.
  • Destacar lo bien que le fue a sus funcionarios en el G20.
  • Difundir la buena sintonía entre los técnicos del FMI y los de Hacienda.
  • Sostener el ajuste con leves ventajas para los sectores de menores recursos (recordatorio: es lo que anunciaban los funcionarios macristas ante cada aumento tarifario).
  • Ilusionarse con alguna leve baja de la inflación del mes.
  • Apelar al segundo semestre.

Del otro lado, en algunos sectores de la coalición le exigen que el relato sea más parecido al de la última Cristina. Alberto ahí tiene un riesgo: sabe que la base de votantes que le dio su triunfo electoral no quiere esta vuelta al pasado.

La relación entre el oficialismo y la oposición no está pasando por su mejor momento. Juntos por el Cambio no entendió nunca el apuro por sacar la reforma a las jubilaciones de los jueces.

Seguramente desde el interbloque de Juntos por el Cambio presenten en los próximos días una denuncia contra Daniel Scioli por usurpación de funciones. Ya no por haberse sentado a dar quórum como diputado, sino por haber convocado como embajador (cargo que él mismo dice que no tiene) a una reunión de cónsules en Brasil.

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