Durante todo el fin de semana pasado Macri tomó conciencia de que el poder se le escurría entre las manos, de que su Gobierno estaba en peligro y de que para salvarlo debía resignar en parte algunas de sus convicciones.

Aceptó reducir el Gabinete (aunque sea para la tribuna), poner impuestos a las exportaciones, relanzar Precios Ciudados, recibir a la oposición y hasta ponerse corbata un rato para una conferencia de prensa.

Esos gestos positivos podrían dar sus frutos esta semana si, como espera el Gobierno, los gobernadores del PJ dan su visto bueno al Presupuesto 2019. En la Casa Rosada están confiados.

El Presidente tomó nota de la crisis política: decidió dejar sus instintos y escuchar al llamado “Círculo Rojo”. En la conferencia de la UIA, quizás por primera vez, felicitó a la oposición responsable. Como nadie se dio cuenta del elogio, tuvieron que repetirlo al día siguiente por Twitter.

Y por si alguno se quedó dormido, el viernes en conferencia de prensa volvió a insistir: “Quiero agradecerles a todos los dirigentes que han colaborado independientemente de su pertenencia política o su actividad”.

El agradecimiento, también  por primera vez, no iba dirigido solo a los políticos sino a los empresarios de los que tanto renegó y ninguneó desde que entró en política. También hubo un pequeño guiño al kirchnerismo, que en esta crisis mostró hasta ahora una inusual mesura.

El sutil elogio vino cuando le preguntaron por la denuncia de Patricia Bullrich sobre los saqueos organizados. “Esto no responde a algo orquestado desde los altos niveles de la política. Son grupos minoritarios violentos”, aclaró Macri.

Las señales son todavía difusas. ¿Hasta qué punto está dispuesto Macri a aceptar los cambios que le impone la nueva realidad? ¿Hasta qué punto son maquillaje para que nada cambie? Llamó la atención lo que pasó en el encuentro por la educación y el empleo que se hizo en Mendoza en el marco el G20.

Durante su discurso, Macri debió tener a su lado a los ministros de Educación y de Trabajo, este último ministerio hoy a cargo de Dante Sica. Sin embargo, Macri eligió sentar a Triaca, ex ministro de Trabajo hoy degradado a secretario. “Macri está cómodo con ese gabinete”, había dicho a A24.com un alto funcionario pocos días antes de la corrida y del nuevo organigrama. A veces en la ubicación en las sillas hay más claridad que en el Boletín Oficial.

Las señales de continuidad y cambio son todavía difusas en ambos sentidos. El desdoblamiento de la secretaría de Comercio entre Interior y Exterior también podría ser una buena señal. Miguel Braun, que era el hombre a cargo del seguimiento de precios internos se va a quedar solamente con “Comercio Exterior”. Ignacio Werner (quien ya trabajaba en ese ministerio) toma “comercio interior”.

Desde el inicio de la gestión en esa dependencia se sostuvo que no habría controles y que los precios debían autoregularse por el mercado. Desde esa oficina también se desactivó virtualmente el programa de Precios Cuidados. Hoy vuelve, tarde, como una manera de cuidar los bolsillos.

El Presidente fue claro en su última aparición pública. “El sector privado es el que tiene que impulsar el crecimiento y desarrollo de la Argentina”. Traducción: no está previsto que el Estado ayude a dinamizar la economía en el medio de la crisis.

Así, las esperanzas están puestas en el desembolso que haga el Fondo para calmar a los mercados.

Este viernes se presenta formalmente el Presupuesto 2019 en el Congreso, tal como dice la ley. Este año, más que nunca, el Presupuesto es muy importante porque marcará la capacidad y margen de maniobra que Macri tendrá en 2019 para implementar su programa de Gobierno.

El apoyo que el FMI vaya a dar al país va a ser directamente proporcional al grado de consenso que tenga ese presupuesto 2019, el último de la gestión Macri. “Estamos viendo un gran apoyo de los dirigentes”, se entusiasmó el nuevo Macri.

El Gobierno se entusiasma con poder aprobar el presupuesto en tiempo exprés. En principio hubo un planteo que sonó más a realismo mágico: que el 26 de septiembre el Presupuesto se debata en Diputados, apenas 11 días después de su presentación formal en el Congreso. El exigente cronograma plantea que se pueda tratar en el Senado el 3 de octubre, lo que requeriría que el mismo jueves, tras la media sanción de Diputados, la Comisión de Presupuesto dé un dictamen exprés.

Los que están negociando se entusiasman con que, si sellan los acuerdos necesarios con el peronismo, el Presupuesto salga casi sin debate como en las buenas épocas del kirchnerismo.

Los acuerdos con el peronismo están atados con alambre. Todo se va a terminar de cerrar este martes, cuando Macri reciba a los gobernadores de las 24 provincias. 

¿En qué está trabado hoy el Presupuesto? Se discute qué parte del ajuste debe recaer sobre el Gobierno nacional y cuánto sobre las provincias. En principio hay consenso en la necesidad de equilibrar los números.

Los gobernadores quieren que se prorrogue un año la baja de impuestos que habían acordado en el pacto fiscal a fin de año pasado. La Nación estaría dispuesta a ceder con el impuesto a los sellos pero no sobre los ingresos brutos.

Otro reclamo de los gobernadores es que se vote un impuesto a los bienes personales para los que tienen fondos o propiedades en el exterior. Por ahora el Gobierno se niega, pero por lo bajo admiten que es una carta de negociación que se podría usar para acordar. Claramente no es un impuesto del paladar de Macri; tampoco lo eran las retenciones y al final tuvo que ponerlas.

Otros puntos de conflicto son la eliminación del Fondo Sojero, y la absorción por parte de las provincias de los subsidios al transporte y la tarifa social de servicios públicos. Sobre este último punto, el Gobierno anunció el viernes que van a dar marcha atrás.

Antes de la reunión con Macri, los gobernadores peronistas van a volver a juntarse en el Consejo Federal de Inversiones (CFI). El CFI es un edificio que suele usar el peronismo para tomar decisiones cuando no está en el poder y no tiene un líder claro.

La reunión esta vez está convocada por Schiaretti y Urtubey, los dos gobernadores con mejor sintonía con el Gobierno nacional. Pretenden que estén también los mandatarios de partidos provinciales (Misiones, Santiago del Estero, Chubut, Río Negro y Santa Fe). A este encuentro podría sumarse un rato Frigerio en caso de ser necesario para contarles cómo viene la mano.

“Pero va a ser una reunión solo de gobernadores. Ni CGT ni nada de eso que se vio en la última reunión del CFI”, explicaron los organizadores. De aquella reunión no habían participado ni Schiaretti ni Urtubey. Tampoco Sergio Uñac (San Juan), Gustavo Bordet (Entre Ríos) ni Hugo Passalacqua (Misiones).

Esa “última reunión” se había dado el martes pasado y había sido convocada por el tucumano Juan Manzur. Estuvieron invitados Sergio Massa, Miguel Pichetto y miembros de la CGT. Todos dieron su punto de vista sobre la situación del país.

Venía habiendo mucha cordialidad, hasta que Alberto Rodríguez Saá pidió que la próxima vez se convocara a jefes de otros bloques parlamentarios opositores. Todos entendieron que se refería al kirchnerismo. Como siempre en política todos dijeron que sí, pero es probable que esos encuentros no vuelvan a repetirse. La mayoría de los gobernadores no quiere sentarse en ninguna mesa con Unidad Ciudadana.

Esos mismos días sorprendieron dos fotos protagonizadas por Miguel Pichetto. Una con Felipe Solá (hoy más cerca del kirchnerismo) y otra con Schiaretti, muy cercano al Gobierno. El peronismo tiene que hacer su equilibrio. Al salir del encuentro con gobernadores Pichetto aclaró: “Vamos a acompañar la gobernabilidad”.

¿Cómo se dará ese acompañamiento? Habrá que ver. En principio, muchos gobernadores necesitan de los kirchnerismos locales para retener el poder en sus provincias. Eso puede obligar a algunos a extremar sus posturas. Por ejemplo, Sergio Casas de La Rioja ahora tuvo que fotografiarse con el kirchnerismo después de romper su alianza con el viejo caudillo provincial, Luis Beder Herrera.

Más allá de las posturas críticas de la boca para afuera, los gobernadores siempre pueden hacer que algún legislador se levante en el momento de votar la ley y ayudar así tácitamente al Gobierno. Aunque nadie quiere aparecer militando el ajuste, casi todos coinciden en que el Gobierno necesita un presupuesto.

Para cerrarlo, Cambiemos necesita sumar unos 25 votos en Diputados y 12 en el Senado. Y necesita cerrarlos cuanto antes. A medida que pase el tiempo, y que se conozca la magnitud del ajuste, se puede recrudecer la opinión pública y eso obligaría al peronismo a sobreactuar su oposición.

Para terminar de cerrar esos acuerdos son necesarias dos variables fundamentales: la flexibilidad de Macri para aceptar las posturas de los gobernadores y que los mercados financieros se mantengan en calma.

¿Cambió realmente Macri o son solo gestos para la tribuna? Dificilmente haya un cambio profundo en el Presidente. Quizás, como en otras épocas, esté pesando en él más la ética de la responsabilidad que la ética de las convicciones. No es una mala noticia.