En ese marco, fuentes cercanas a las negociaciones admiten la posibilidad de que finalmente sea ingresedo al Congreso a través de la Cámara de Diputados en los primeros días de marzo, cuando empiecen las sesiones ordinarias.
Justamente, el objetivo de Guzmán es lograr el acuerdo antes de que operen los vencimientos de pagos con el FMI previstos para marzo por casi 3000 millones de dólares.
Sin embargo, fuentes parlamentarias del oficialismo no descartaron a A24.com que de arribar a un acuerdo en las próximas dos semanas, antes de que culmine febrero.
De concretarse esa instancia, el presidente Alberto Fernández enviará una adenda al Congreso ampliando el temario de las sesiones exraordinarias para sumar la Carta de Intención al tratamiento de los 18 proyectos ya enviados por el Ejecutivo sobre otros temas.
En ese caso, el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, giraría la Carta de Intención a los jefes de bloque del oficialismo y de la oposición para que empiecen a analizarlo antes de acordar tratarlo en comisiones, para posteriormente, debatirlo en el recinto de la Cámara Baja.
El clima de tensión en el Frente de Todos pone en dudas la sanción del acuerdo
El propio presidente Alberto Fernández tuvo que salir a desmentir una ruptura de la coalición de Gobierno con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo, en medio de la gira internacional que lo llevó a Rusia, China y Barbados.
Dejó en claro que habló con Cristina y que confía en el apoyo matoritario del bloque del FdT. Cerca de Alberto señalan que la renuncia del jefe de bloque de Diputados no debería afectar la aprobación del acuerdo que el Presidente y Guzmán están decididos a firmar con el FMI.
En la Casa Rosada ubican a Massa -quien definió junto a Alberto Fernández a Germán Martínez como el reemplazante de Máximo Kirchner- en el rol de mediador para "buscar el diálogo y consensos con la oposición" para intentar aprobar los proyectos del Ejecutivo.
Las posibles bajas o abstenciones de votos oficialistas que sigan la postura de Máximo Kirchner, en disidencia con las negociaciones, pone al Gobierno en la disyuntiva de negociar con la oposición, para garantizarse la sanción del acuerdo como indica la ley.