Las restricciones anunciadas

Intrigas, falacias, datos y contradicciones sobre el cierre de las escuelas

El Gobierno de la Provincia estaba dispuesto a esperar un poco antes de cerrar. Alberto sorprendió a todos. El Instituto Patria sobrevoló la decisión.
por Pablo Winokur | 17 de abril de 2021 - 01:41
Alberto Fernández

Alberto Fernández, en conferencia de prensa, tras la reunión que mantuvo el viernes con Horacio Rodríguez Larreta (Foto: Télam).

En una reunión reservada de autoridades de la provincia de Buenos Aires con los gremios de la educación se les acercó un informe secreto que revela que desde el inicio de clases la proporción de docentes contagiados no varió sustancialmente respecto a otros grupos de la sociedad: no se contagiaron más maestros que en otras actividades.

¿Se contagiaron más los chicos de la Provincia por la vuelta a clase? No en un número importante. En todo 2020, en provincia de Buenos Aires, sobre el total de los contagiados, el 6,1% tenía entre 4 y 18 años; ese número fue posible porque durante muchos meses estuvieron encerrados mientras que los adultos iban retomando paulatinamente sus actividades.

En el verano, con menos restricciones, los chicos contagiados subieron al 7,6% respecto del total de la población. Y con el inicio de clases aumentó al 8,5%. Tras la vuelta a las aulas apenas crecieron los contagios un punto porcentual.

Axel Kicillof se enteró de las medidas de Alberto Fernández apenas un rato antes de aquel discurso. Pedía medidas “más robustas” que incluyeran el cierre de escuelas. Aunque no se imaginó que Alberto solo decretaría el cierre de clases en su anuncio. La falta de timing del Presidente lo obligó a corregirse al día siguiente y cerrar shoppings y la gastronomía en lugares cerrados. No está claro si estaba o no en el plan original.

Las falacias de Alberto

Alberto Fernández reconoció que la actividad escolar no genera contagios. Un sondeo personal que hizo en alguna escuela desde el aislamiento le indicó que algún chico jugaba a intercambiar barbijos. Un científico diría que cometió la “falacia de la generalización apresurada”: llegar a una conclusión con prueba insuficiente.

Alberto dijo que la segunda ola empezó cuando empezaron las clases. También podríamos decir que la segunda ola empezó por culpa del cumpleaños de mi cuñado: las fechas coinciden, aunque no necesariamente una cosa es causa de la otra. En el método científico se llama “falacia causal”: inducir la correlación de dos hechos que no necesariamente están relacionados.

Alberto reconoció que en la escuela no se producen contagios y que no es una actividad mayormente riesgosa en sí misma. El problema –dijo- sería la circulación en torno a la actividad escolar. Pero el ejemplo podría valer para cualquier actividad que hagan personas en una franja etaria determinada: bien se podría haber prohibido salir de sus casas a todas las personas entre 20 y 38 años y el efecto sería básicamente el mismo que prohibir las escuelas. ¿Por qué Alberto toma esa decisión? Es una decisión política.

Horacio Rodríguez Larreta se opuso al cierre de escuelas. Planteó distintos argumentos con algunos datos (no siempre demasiado científicos, por cierto). La respuesta que le vino en muchos casos fue “ustedes destruyeron la economía, la educación y el sistema de salud”. Se llama “falacia de la asociación”: invalidar las ideas de una persona o grupo solo por pertenecer a ese grupo.

El autor de esa respuesta habló el viernes y atrás de su orden todos salieron a repetirla: "Quienes empeoraron los índices educativos del país ahora dicen tener una receta para mejorarlos. Uno espera un grado de madurez más alto". Lo dijo Máximo Kirchner, uno de los ideólogos del cierre de las escuelas. Lo hizo en radio El Destape, en un claro mensaje hacia su propia tropa.

La comunicación de la pandemia, en el centro de la escena

Provincia pedía medidas más duras. No imaginaron que Alberto iba a empezar por el final. Igual celebraron la decisión. “Entendemos la realidad planteada por el Presidente”, dijeron cerca de Axel Kicillof, que salió a defender como si el decreto hubiera sido suyo. “La movilidad bajó muy poco esta semana con las medidas anteriores. Este tiempo va a servir para poder vacunar a los mayores de 60 y desahogar un poco las terapias”. Estiman que en dos o tres semanas esa franja va a estar vacunada con una dosis.

La decisión de cerrar cosas era necesaria. El sistema de salud ya está al borde del colapso y hubiera empeorado si no se hacía nada.

Pero la evidencia en el mundo es que las escuelas tenían que ser lo último en cerrar y lo primero en abrir. Alberto se salteó unos pasos en el medio.

  • No se exploraron alternativas logísticas para revertir la supuesta saturación del sistema de transporte. ¿No se podía –por ejemplo- obligar a locales comerciales a abrir más tarde para descomprimir la primera mañana?
  • No se instó a las empresas a volver al teletrabajo y mucho menos a obligarles a pagar un transporte privado para trasladar a sus trabajadores.
  • Recién la semana pasada, la Ciudad sacó las multas por mal estacionamiento que habían regido desde marzo 2020 a marzo 2021. Larreta alentó insólitamente desde marzo el uso del transporte público, haciéndolo coincidir con el inicio de clases que tanto dice defender.
  • No se hizo ninguna campaña pública para evitar encuentros de los chicos fuera de hora.
  • El miércoles, un rato antes del anuncio de las nuevas medidas, la ministra Carla Vizzotti reconoció que la invitaban a asados. No se hizo ninguna campaña pública para desalentarlos.
  • No se cerraron actividades recreativas bajo techo.
  • Diez días antes de las medidas hubo marchas para pedir la liberación de Milagro Sala, organizadas, entre otros, por el albertista Movimiento Evita. No hubo ningún repudio público del gobierno nacional a eso.
  • Es más, el jueves la CTA (que integran, entre otros, el principal gremio docente Ctera) organizó una marcha contra el gobierno de Larreta. Nadie la desautorizó y en algunos casos la celebraron.

La medida del cierre iba a ser necesaria en algún momento. Quizás había que esperar a que avance el otoño. Los reclamos de los padres no son por los 15 días sin clases, sino porque se sabe que no van a ser 15 días. Por si quedaban dudas, lo dijo la titular de Ctera, Sonia Alesso, una de las máximas militantes del cierre de aulas: "Estamos de acuerdo con las medidas; entendemos que es temporal la suspensión de la presencialidad, en función de que bajen los casos". No hay motivo para que bajen... Por lo tanto, esto va a seguir.

También Alberto dio indicios: “Le dije (a Larreta) que haremos todo lo que esté al alcance para que dentro de 15 días vuelva la escolaridad con más cuidados y más protocolos”. ¿Qué protocolos cree Alberto que se estaban incumpliendo?

La crisis del Frente de Todos

En el medio, el Gobierno quedó con una crisis de legitimidad dramática. Nadie sabe quién manda.

El Presidente desconcertó a todos. Nicolás Trotta presentó su renuncia, y Alberto se la rechazó. Le dijo que iba a asumir él la responsabilidad (y la culpa) de la situación. Se hizo cargo en una entrevista en Radio 10. El kirchnerismo duro se ríe de la situación. “Es uno de los funcionarios que no funcionan”, dicen sobre Trotta.

A la lista de esos funcionarios se sumó Martín Guzmán. El hombre que –según el Instituto Patria- debió haber pagado IFE para todo el mundo desde hace un mes para que la gente se quede en su casa; Guzmán se negaba. La doctrina Kicillof dice que la emisión tiene efecto neutro en la disparada de la inflación. Guzmán no cree lo mismo. Ganó Kicillof.

Sergio Berni insistía, días antes de que se conocieran las nuevas restricciones, que él solo podía controlar si había una orden nacional. Como siempre, criticaba a la ministra de Seguridad, Sabina Frederic.

En el gabinete nacional, en las horas previas al anuncio, había malestar con Kicillof. Decían que él tenía todos los instrumentos legales para dictar un cierre y que no lo hizo.

Apenas unas horas más tarde de aquellas críticas, Alberto en soledad decidió dictar el toque de queda y cerrar las clases. ¿Qué pasó en el medio? Hay todo tipo de rumores. Algunos indican que tanto Vizzotti como Cafiero no querían cerrar las escuelas, y que Alberto tomó la decisión en soledad. Las críticas internas al Presidente por su falta de decisión crecen día a día... especialmente en el Instituto Patria.

Gobiernos sin datos

Ninguno de los tres gobiernos logra aportar un dato coherente a la hora de explicar cómo llegamos a donde llegamos.

  • No hay datos de cuántos chicos usan el transporte público.
  • El gobierno nacional dice que aumentó el uso del transporte público por las clases. Pero un informe de A24.com revela que el uso de la SUBE está en los mismos niveles que en diciembre, cuando no había escuelas.
  • Tampoco hay datos sobre cuántas camas de terapia intensiva están ocupadas en el sector privado de la Ciudad de Buenos Aires.
  • El gobierno porteño clausuró la estadística de la positividad de sus testeos.
  • Kicillof cree que hablándole 4 horas a la sociedad puede convencer a alguien.

Hay un problema en la política de comunicación, entendida como la capacidad de sentarse con los actores a definir cómo se ejecuta una política pública para que la gente la entienda y la respete.

En el fondo, el problema es uno solo: como dijo el filósofo Séneca, “nunca hay vientos favorables para el que no sabe a dónde va”.

Lo Último de Show