La política en vilo por el partido de la Selección: cuando la “grieta” le teme al malestar social
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La política en vilo por el partido de la Selección: cuando la “grieta” le teme al malestar social

Argentina se juega todo ante Nigeria y la política disputa el mismo partido. Por primera vez en mucho tiempo, el oficialismo y la oposición coinciden en sus intereses. Lo principal es que no haya malestar social. Nadie está preparado para un escenario de frustración que precipite los tiempos.

De un lado de la cancha, el presidente Mauricio Macri arriesga su capital político. ¿Por qué? En su momento, intervino directamente en la AFA para neutralizar a Marcelo Tinelli y, en alianza con Hugo Moyano, concibió la candidatura de Claudio “Chiqui” Tapia, que no tenía otros pergaminos que ser yerno del camionero. Entonces, el fracaso de la Selección de Sampaoli será también el fracaso de Tapia y, por consiguiente, de la "jugada maestra" de Macri.

La gestión Tapia dejó en el camino los desaires al papa Francisco, a Israel por la suspensión del amistoso en Jerusalén y a Palestina -por tomar las amenazas del sector radicalizado. Y en el medio, la desazón de Lionel Messi.

A eso se suma la condición de funcionario de Tapia, que es vicepresidente de la Ceamse, el organismo estatal que administra los residuos de Capital y la provincia de Buenos Aires. Macri y Moyano -en una sociedad hoy impensada- lo ungieron en la AFA y ahora vislumbran un frente de tormenta: no es lo mismo una derrota digna en Cuartos de Final contra un equipo de primer nivel que la humillación en primera ronda a manos de Islandia, Croacia y Nigeria. Lo primero es fútbol. El caos es político.

Además, el Gobierno cree que ya generó demasiados trastornos a la sociedad con la corrida cambiaria y la inflación como para encima no poder aprovechar el “veranito” que implican en el país todos los mundiales. Un buen desempeño futbolístico cambiaría los ánimos y garantizaría, por lo menos por unos días, la cohesión social.

Del otro lado de la cancha, y contrariamente a lo que podría pensarse, a la oposición tampoco le serviría que Argentina perdiera. Simple: un final anticipado en Rusia obligaría a todo el sistema político a ponerse en marcha hacia 2019, lo que significa que el peronismo tendría que apurar los trámites para rearmarse. Algo para lo que todavía no están listos.