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POLÍTICA

Sálvese quien pueda: la repetida trampa del sistema político argentino

Sálvese quien pueda: la repetida trampa del sistema político argentino
Alberto, Cristina, Macri y Larreta (Foto: archivo).

El sistema político argentino está metido en una trampa. Todo está en situación de empate. Las dos fuerzas principales tienen dos extremos que se invalidan mutuamente y que casi no hablan entre sí; y dos polos en el medio que ante cualquier crisis solo pueden recostarse sobre las posturas extremas para construir volumen político e intentar sobrevivir.

Cuando asumió, Alberto Fernández les dijo a sus ministros que se dedicaran a gestionar y que él se encargaría de hacer política. Iba a trabajar con 24 gobernadores y articular con actores sociales, empresariales y políticos. En casi 10 meses, ese proyecto quedó sepultado. Alberto ya no hace política, su gabinete no gestiona y no hay posibilidad de acuerdos de nadie con nadie.

Mientras tanto, la Política (con mayúscula) no logra encontrar respuestas para las necesidades cotidianas de la ciudadanía:

  • No puede domar la pandemia.
  • No tiene soluciones para la economía.
  • No logra captar el dramatismo de la situación social en general.
  • No genera empatía con la situación que vive la gente.
  • No ofrece una visión de futuro.

La dirigencia política argentina está preocupada por las elecciones del año que viene; en eso consumen la mayor parte de su tiempo. El peronismo, envuelto en sus internas de palacio; y Juntos por el Cambio intentando que su espacio llegue entero a 2021.

El sistema político está metido en un empate desde hace por lo menos 8 años. Cualquier intento de gobernabilidad a mediano plazo está condicionado por las elecciones que "ya están por venir". Todo año o bien es electoral, o bien es víspera de año electoral. No hay margen para gestionar por fuera de la competencia.

En ese clima, los dirigentes territoriales -básicamente los intendentes del conurbano- están pensando en cómo sobrevivir políticamente. Se llama instinto de autoconservación.

La política del territorio

En el contexto actual, un intendente oficialista tiene una seria sospecha de que puede perder las elecciones el año que viene si no pasa algo que modifique el escenario.

Le toca gobernar un distrito en medio de:

  • Una pandemia histórica.
  • Una crisis económica inédita.
  • El tejido social resquebrajado.
  • Sin plata en la caja por la baja recaudación.
  • Sin autonomía jurídica (porque el gobierno nacional y provincial manejan los resortes de las habilitaciones).
  • Sin control de la policía.
  • Con la inseguridad que se desborda.
  • La gente en sus casas, sin trabajo, ni escuelas, universidades, talleres o propuestas recreativas, lo que es una bomba de tiempo.

Si el intendente pierde las elecciones, automáticamente pierde poder y el control de su territorio. El instinto de conservación indica que ningún líder territorial va a querer que se le descontrole la cosa en su distrito. Su primera función social como dirigente es mantener el orden dentro de ese lugar que gobierna.

El común de los mortales estamos preocupados por nuestros problemas. Ellos también. Por eso, necesitan empezar a pensar en la elección del año que viene (que queda lejísimos para el resto de nosotros). Sin caja, sin capacidad de movilización y sin una salida clara, estos intendentes no pueden ser competitivos en base a mostrar una buena gestión: y saben que lo que viene va a ser peor.

Por eso, la única manera de hacerse fuerte es atacar al rival. En el caso del peronismo, tienen que ir contra Juntos por el Cambio y –particularmente- contra Horacio Rodríguez Larreta, que es la figura más competitiva de ese espacio.

Fue así como dejó de servirles la foto de Alberto y Larreta. No pueden permitirse algo que siga levantando al dirigente con mejor imagen del país.

Sálvese quien pueda

Para gobernar la Argentina se necesitan consensos. Pero los incentivos para eso están por el suelo.

  • Si el oficialismo acuerda, ayuda a mejorar la imagen del rival.
  • Si levantan al rival –que no tiene que pagar el costo político de gobernar la Nación- tienen más chances de perder las elecciones del año que viene.
  • Si pierden las elecciones, muchos intendentes, van a perder el control de su territorio.
  • Si pierden el control del territorio, incumplen el principal rol de un gobernante que es conservar y sostener el poder para garantizar gobernabilidad.

¿Cómo juega Nación en todo esto? Los dueños de los territorios necesitan figuras nacionales que los ayuden a conservar el poder. El gobierno de Alberto Fernández -con monopolio de la emisión monetaria- por ahora no ofrece muchos resultados.

Los intendentes peronistas miran las encuestas: ven a Larreta consolidado y a Alberto en baja; por ahora está empatado entre los que lo valoran y los que lo rechazan. Pero es una paridad ficticia; la tendencia es preocupante.

Por otro lado, la imagen positiva de Alberto Fernández es "blanda". Muchos de los que lo apoyan, podría cambiar fácilmente de opinión. En cambio, Cristina –a pesar de su imagen negativa muy alta- tiene una base de creyentes sólida: los que la quieren no la abandonan por nada.

Según la última encuesta de Synopsis entre votantes del Frente de Todos, el 72,4% volvería a elegir otra vez a ese espacio en las próximas elecciones; sobre el total de votantes, es el histórico 35% del kirchnerismo. De esos, el 82% tiene imagen buena o muy buena de Cristina.

El peronismo, particularmente en la provincia de Buenos Aires, sigue necesitando plantarse sobre esa base sólida de votos de Cristina e ir limando al “centro” de Cambiemos.

Cualquier muestra de consenso, favorece al ala moderada de la oposición, que a su vez gana en la emergencia porque no tiene que dar explicaciones por la gestión anterior. Por eso, Alberto vuelve a poner en escena a Macri.

En el análisis del territorio real, si el gobierno nacional seguía fortaleciendo su vínculo con Larreta, se alejaba de la posibilidad de ganar las elecciones y conservar el poder.

Ese es el empate en que está metido la política argentina. Hoy es Alberto el que está en esa trampa. Pero antes estuvo Macri. Siempre el axioma es que el que acuerda se suicida.

Pero el problema es que el que no acuerda también se termina suicidando porque sin consensos de mediano y largo plazo no hay gestión exitosa posible. Lo demuestran las experiencias de la última gestión de Cristina y la de Macri. Sus estrategias políticas sirvieron para "aguantar" pero no para desarrollar a la Argentina.

Otro dato: la misma encuesta de Synopsis dice que un 16,9% no volvería a votar al Frente de Todos; entre esos votantes clave, el 96,3% rechaza a Cristina.

No se vienen tiempos de prosperidad, de repartir, de aumentar derechos… No hay margen para expansión fiscal, repartir obra pública, aumentar a jubilados, estatales, docentes, planes sociales, dar aumentos en paritarias... Se vienen tiempos de vacas flacas que van a generar tensiones sociales. Ya un primer gremio de estatales –el de los organismos de previsión social- le dio la espalda al gobierno esta semana.

La única manera de aguantar esas tensiones es un acuerdo político amplio. Pero el acuerdo está vedado porque las necesidades del sistema político son otras.

Los problemas internos y “la vida real”

A todo esto, cada vez está más claro que el Presidente -por incapacidad propia o por imposiciones ajenas- no es el líder de su espacio. Lo entienden los dirigentes territoriales, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde están el 40% de los votos nacionales y donde más necesidades hay.

También lo entienden algunos ministros, que para validar decisiones necesitan buscar respaldos en otros líderes del Frente de Todos para tomar decisiones; con Alberto solo no alcanza.

Algo similar pasa hacia abajo. Todos los funcionarios tratan de hablar con el Presidente y nadie busca definiciones en Santiago Cafiero, jefe de los ministros; algunos para acercarle una idea a Alberto prefieren hablar con Béliz, que tampoco es muy receptivo.

Mientras tanto en la vida real

  • Una parte de la sociedad empieza a leer que la política no puede darle soluciones a su vida cotidiana: no se las dio el último gobierno de Cristina, ni el de Macri ni ahora el de Alberto.
  • Ven que en el Congreso hay un señor chupando teta en plena sesión. Otros aparecen dormidos o dejan la cámara prendida y se van. Mientras, siguen cobrando.
  • Empieza a instalarse la idea de que los que viven del Estado (políticos y empleados públicos) son los que siguen cobrando y no tienen problemas.
  • Sobrevuela en una parte de la opinión pública la idea de que existe una “casta estatal”. El concepto es peligroso a largo plazo para el sistema democrático.
  • El sábado pasado, en las tradicionales marchas contra el Gobierno en el Obelisco, se escucharon cantos de “que se vayan todos”. Hacía 20 años que se habían extinguido.
  • “En la mayoría de los despachos no lo registran, no la vemos, estamos en la nuestra. Nadie puede resolver nada”, cuenta un funcionario, muy crítico.

Sin acuerdo político no hay salida; pero el acuerdo es imposible. Ese gran pacto solo sería posible con dirigentes con mucho capital político que estén dispuestos a perderlo. Pero hoy no hay ningún líder que reúna esas dos condiciones. Esa es la trampa en la que estamos metidos. Los problemas argentinos son políticos: ni sanitarios ni económicos.

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por Pablo Winokur @pablowino
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