400 g de queso crema
300 g de dulce de leche repostero (preferiblemente)
3 huevos
1 cucharada de almidón de maíz
1 cucharadita de esencia de vainilla
Para decorar (opcional):
Paso a paso: cómo hacer un cheesecake de dulce de leche casero
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Preparar la base: triturar las galletitas hasta obtener una textura arenosa. Mezclarlas con la manteca derretida y cubrir el fondo de un molde desmontable (de unos 20 a 22 cm de diámetro). Presionar bien y llevar a la heladera por al menos 15 minutos para que se compacte.
Hacer el relleno: en un bowl, batir el queso crema con el dulce de leche hasta que quede una mezcla lisa. Agregar los huevos de a uno, la vainilla y el almidón de maíz. Integrar con movimientos suaves para mantener la textura cremosa.
Hornear: verter la mezcla sobre la base fría y cocinar en horno moderado (160 °C) durante aproximadamente 45 minutos, o hasta que los bordes estén firmes pero el centro aún se vea ligeramente húmedo. Apagar el horno y dejar enfriar con la puerta entreabierta para evitar que se agriete.
Enfriar y decorar: una vez frío, llevar a la heladera por al menos 4 horas (idealmente toda la noche). Antes de servir, cubrir con una capa de dulce de leche y decorar al gusto.
Consejos para lograr la textura perfecta
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Usar queso crema entero: aporta la cremosidad característica.
No sobrebatir la mezcla: incorporar aire en exceso puede hacer que se agriete al enfriarse.
Evitar el horno muy caliente: una cocción suave es clave para obtener una textura lisa.
Enfriar bien antes de desmoldar: el cheesecake gana consistencia con el frío.
Un postre argentino con alma internacional
Aunque el cheesecake nació en Estados Unidos, esta versión con dulce de leche se convirtió en un clásico en muchas mesas argentinas. Se sirve en cumpleaños, reuniones familiares o simplemente como capricho dulce del fin de semana. Su éxito radica en su simplicidad: pocos ingredientes, una preparación sin complicaciones y un resultado que parece de pastelería.
Además, es un postre versátil. Se puede acompañar con crema batida, frutas frescas o una lluvia de chocolate rallado. Y si se prefiere una versión sin horno, alcanza con reemplazar los huevos por gelatina sin sabor y enfriar la preparación directamente en la heladera hasta que tome cuerpo.