Entrevista con A24.com

Lorenzo Sigaut Gravina: "El rumbo de la economía depende de la evolución de la pandemia y la negociación de la deuda"

El director de análisis macroeconómico y socio fundador de Equilibra reconoció que su estimación sobre el nivel de precios ronda el 47% para este año. Salarios, déficit y el plan de Martín Guzmán.
Julia D´Arrisso
por Julia D´Arrisso |
Lorenzo Sigaut Gravina: El rumbo de la economía dependen de la evolución de la pandemia y la negociación de la deuda

Lorenzo Sigaut Gravina: "El rumbo de la economía dependen de la evolución de la pandemia y la negociación de la deuda"

El director de análisis macroeconómico y socio fundador de Equilibra, Lorenzo Sigaut Gravina, piensa en tres escenarios posibles para la economía de este año: uno de base, uno pesimista y otro optimista. La definición final dependerá de la situación sanitaria y la resolución de la deuda con el Club de París y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El economista, que fundó el centro de análisis económicos Equilibra junto a Diego Bossio, Martín Rapetti, Gabriel Delgado y Lorena Giorgio, entiende que la vacunación va a permitir que las restricciones no generen mayor impacto en la economía, aunque reconoció que su estimación sobre el nivel de precios ronda el 47% y requiere, de cara al año que viene, medidas más estrictas.

- En el primer informe de Equilibra hablan de tres escenarios económicos posibles, que perciben que la actividad económica tendría un crecimiento de 7 puntos de base, pero podría oscilar entre los 8 y los 5,5 puntos para este año, ¿de cuál estamos más cerca hoy?

- Nuestro escenario base es el que creemos que tiene elevada probabilidad de ocurrencia y los otros son desvíos. Es decir, qué pasa si todo sale mejor o peor. Las dos principales variables que pueden modificar el rumbo de aquí a fin de año son la evolución de la pandemia y la negociación de la deuda.

Creemos que la actividad puede recuperar 7% porque vemos que la vacunación avanza rápido y tener casi el 30% de la población vacunada es una gran ventaja respecto a Europa, por ejemplo. Entramos al invierno un poco mejor. De todas maneras, en la segunda ola el golpe ha sido muy fuerte.

Nuestro escenario base es que nos quedan pocos meses de restricciones vinculantes por el lado de la oferta, sobre todo junio y julio. Esos creemos que serán los peores meses. Y la vacunación va a permitir que sean más suaves las restricciones y acotadas en el tiempo.

Obviamente en un escenario optimista podés tener que en junio bajen más rápido los contagios y para mediados de agosto tener una economía sin muchas restricciones, y el pesimista es el caso de Europa, donde surgió una tercera ola o picos de casos, pero en nuestro panorama base tenemos una caída del PBI en el segundo trimestre en términos desestacionalizados y ya una recuperación parcial en el tercer trimestre.

- ¿O sea que creen que, en agosto, las restricciones podrían dejar de ser un problema para la economía?

- No va a haber restricciones relevantes. Vamos a seguir con protocolos, pero no es como el cierre de mayo, que se sintió. Ahora la economía está acostumbrada a un nivel moderado de restricciones. De hecho, el primer trimestre el nivel de actividad casi había vuelto a los niveles prepandemia y había restricciones, pero moderadas. Ahora, si tenés que volver a cerrar ahí sí el nivel de actividad se resiente.

- Y la otra variable que destacan es la negociación de la deuda…

- Esa es la segunda cuestión importante. Ya sabemos que el año pasado se reestructuró con privados y ahora queda la deuda con el Club de París, más inminente. Hay 2.400 millones dólares que vencieron en mayo y tenemos 60 días de gracia. Creo que hay voluntad para posponer ese pago, pero se pide un acuerdo o intención de acuerdo con el FMI y ahí está el problema. Es un monto mucho más grande, son más de 44.000 millones de dólares que hay que devolver desde septiembre.

Esto es distinto al plan del ministro Martín Guzmán, que decía que para el fin del verano iba a haber un acuerdo, después iba a ser mayo antes del vencimiento con el Club de París y hoy lo más cierto, sobre todo por las restricciones políticas de la propia coalición gobernante, es que parecería ser para las después las elecciones.

Sabemos que Argentina no puede pagar. Las partes tarde o temprano se van a acercar y va a primar el pragmatismo, pero el tema es cómo el Gobierno consigue un waiver, un impasse o que no haya una declaración dura del Club de París porque todo indica que de aquí a fines de julio no vamos a tener algo muy concreto con el FMI.

- ¿Creés que hay intención de llegar a un acuerdo?

- El FMI sabe que tiene que reestructurar la deuda. Hasta deslizó que va a ver el tema del pago de intereses, que tiene una tasa bastante alta, pero hoy parece que la política interna, con el Frente de Todos enviando cartas a los senadores diciendo que los DEG del Fondo no son para pagar generan más restricción propia. Igualmente, creemos que después de las elecciones va a primar el pragmatismo y se va a acordar.

La pregunta es cómo se llega a hacer ese puente porque si la deuda con el Club de París no se regulariza a fin de julio entras en default. Creemos que las conversaciones van a permitir alcanzar algún waiver para que esperen unos meses más y después de las elecciones tener una carta de intención con el FMI.

Ahora el Banco Central viene acumulando reservas para enfrentar la batalla cambiaria. Sabe que este es un período de acumulación y después probablemente venga un momento en el que tenga que vender, entonces llenó la cantimplora de agua para tratar de cruzar el desierto. Va a ser mucho más trabada la economía, con muchas más dudas y mucho más incertidumbre para el futuro. Hay tensión cambiaria, más brecha, algo tiene que cambiar de cara a la segunda mitad del mandato, sobre todo para dar un resultado más visible en materia económica.

- ¿Y si aparecen nuevas internas dentro del mismo Gobierno?

- Creo que de cara al proceso electoral ahora los incentivos tienden a unirse. Lo veo tanto en Juntos por el Cambio como en el Frente de Todos. A medida que se acerca el cierre de listas, la tensión ebulle y después empieza la campaña. Esto se ve en todos los frentes políticos. Es el momento de ir a captar el voto. El oficialismo como el principal frente opositor están en la dinámica de empezar a converger, de avanzar en el proceso de cierre de listas y del armado de las coaliciones para ir a competir al terreno electoral.

- ¿Coincidís con los que dicen que no hay un plan económico?

- Creo que había un plan, al menos trazado por Martín Guzmán, que en parte no se cumplió por el tema de la inflación, que anticipaba ser menor y se aceleró en los últimos meses. Ahí hay un primer desvío, incluso con el tema de las paritarias porque se acordó en muchos casos cerca del 35% y probablemente se queden cortos, y tenga que haber una reapertura.

Por otro lado, el plan de restructurar el resto de la deuda entra en un impasse. El ministro tenía la idea de que, a fin del verano, después en mayo y hoy eso parece que se extendió más en el tiempo porque entrando en la campaña electoral difícilmente sea prioridad.

Había en el presupuesto un plan de subir las tarifas para no tener que hacer crecer a los subsidios de forma significativa, de hecho, el presupuesto pensaba que los subsidios en términos reales se mantenían en línea con el crecimiento del producto, pero esa parte no se llevó a la práctica. Los aumentos, sobre todo en el Gran Buenos Aires, están muy desalineados con la idea del ministro.

- ¿Qué consecuencias tiene esto?

- Es un poco más de déficit. El presupuesto decía que iban a ser constantes los subsidios y ahora sabemos que van a subir, probablemente 3 puntos del producto. También es cierto que en el medio tuviste la soja que no estaba presupuestada y subió a 600 dólares, y significan muchos más dólares genuinos, además de que el complejo sojero tributa más del 30% de retenciones, que son muchos más ingresos fiscales.

Es alrededor de medio punto del producto de ingresos fiscales y los subsidios probablemente crezcan cerca de 3. Vemos que el déficit primario va a estar bastante en línea con el presupuesto. El aumento del peso de los subsidios lo vas a compensar en buena medida con las retenciones agrícolas.

- Mencionabas que el primer desvío de la idea original de Martín Guzmán se dio en la meta de inflación, ¿cómo se baja la inflación?

- Es muy difícil. Coincido en que es un fenómeno macroeconómico, que hay que operar en todas las aristas de la política económica, la monetaria, la cambiaria, la de ingresos, coordinar precios y salarios, pero cuando estas merodeando con inflaciones altas, las herramientas tienen que ser más contundentes.

No estamos muy lejos de pensar en un plan de estabilización antiinflacionario. No creo que alcance con bajar un poco. No hay margen porque están cada vez más altos los niveles de precios. Con medidas gradualistas y un enfoque de metas me parece que cuando ya estás en niveles de 4% hay que hacer algo más fuerte. Hablar con todos los agentes, ponerse de acuerdo y hacer algo más específico, sobre todo, de cara a 2022 porque este año ya no hay margen.

La carta de este año era bajar cinco o seis puntos la inflación y esa jugada no salió bien. Hoy veo que se van a reabrir las paritarias de todos los sectores que acordaron por 30 o 35%, de hecho, el propio sector público está dando aumentos del 40% o más. Entonces los que firmaron primero, van a tener que reabrir para no perder.

Nosotros tenemos una expectativa del 47%, con una desaceleración interesante en el segundo semestre. Hay que pensar una política muy coordinada y detallada para 2022 con relativo consenso de todas las miradas. Planear bien esa secuencia para que en 2022 se pueda intentar alguna jugada más fuerte.

- Pensando en la segunda parte del año, confluyen la economía, las elecciones y la situación sanitaria, ¿cuál pesa más para los seis meses que nos queda del año?

- Primero queda esta parte del año para ver si lo peor de la pandemia ya pasó. Creo que en uno o dos meses va a haber más claridad. Después veo un gobierno que en un año electoral tiene que intentar llegar con una economía más pujante, particularmente este gobierno que accede al poder con una demanda clara, que es que mejore la situación económica.

El primer año del Gobierno, producto de la pandemia, fue un golpe muy duro y este termina con mucha inflación, los salarios apenas si pueden empardar a la suba de precio, y la perspectiva es que nuevamente hay problemas de restricciones a la movilidad y las actividades.

Es muy difícil que se recupere significativamente el empleo, entonces llegás a las elecciones con una necesidad de hacer una política fiscal más expansiva. En el primer cuatrimestre fue muy austero el frente fiscal.

Quizás terminemos el primer semestre con un punto de déficit y si pensamos que el presupuesto es de 4, en el segundo semestre estamos hablando de una inyección fuerte por parte del sector público al privado para llegar a las elecciones con mayor fortaleza y eso va a ayudar a la demanda que está muy golpeada.