Ni el palacio Miraflores ni la instalación militar Fuerte Tiuna, el lugar blindado en el que intentó resistir en vano ante los Delta Force de los Estados Unidos. Nicolás Maduro está detenido en el Metropolitan Detention Center (MDC), en Nueva York.
El exdictador de Venezuela enfrenta por primera vez al tribunal de Nueva York. Fue alojado en una cárcel muy famosa por haber tenido a numerosos delincuentes de todo tipo.
Ni el palacio Miraflores ni la instalación militar Fuerte Tiuna, el lugar blindado en el que intentó resistir en vano ante los Delta Force de los Estados Unidos. Nicolás Maduro está detenido en el Metropolitan Detention Center (MDC), en Nueva York.
Maduro fue trasladado a esa cárcel federal emblemática con historial de presos de alto perfil. El depuesto dictador venezolano, capturado el 3 de enero en Caracas durante una operación militar liderada por Estados Unidos, fue trasladado a la principal prisión federal en Brooklyn, Nueva York, donde permanecerá mientras avanza su proceso judicial en tribunales estadounidenses.
El MDC es conocido por alojar a detenidos que esperan el juicio federal, y su reputación lo ha llevado a ser descrito, incluso por ex reclusos y defensores de derechos humanos, como un lugar de condiciones severas e incómodas para los internos.
La fortaleza carcelaria, ubicada en el barrio de Sunset Park, al sur de Brooklyn, fue inaugurada en los años 90 para aliviar la sobrepoblación del anterior penal federal de Nueva York. Construida con paredes de concreto reforzado y vigilancia electrónica avanzada, el MDC se encuentra cerca de sedes judiciales federales, lo que facilita los traslados a audiencias.
Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron traídos desde Venezuela en un operativo que combinó transporte aéreo y terrestre, permaneciendo esposados y bajo custodia desde su captura hasta el arribo a Nueva York. Allí fueron ingresados en el MDC, donde actualmente hay entre 1.200 y 1.600 internos, incluidos narcotraficantes y figuras mediáticas que enfrentan procesos federales.
Justamente, Maduro está allí no como un exjefe de Estado, sino porque EE.UU. lo considera un terrorista y jefe de la banda narco conocida como el "cartel de los Soles".
La cárcel llamada Metropolitan Detention Center (MDC) es un lugar especial con medidas de seguridad extraordinarias. Algo de lo que el dictador fue a buscar a Fuerte Tiuna, pero con el sentido contrario. No para que no lo atrapen, sino para que no pueda escapar. Ubicado en el barrio de Sunset Park, en el suroeste de Brooklyn, es administrado por la Oficina Federal de Prisiones (Bureau of Prisons) y sirve principalmente para alojar a personas que esperan juicio o audiencias federales en Nueva York. Tiene una población que ronda los 1.300–1.350 reclusos, la instalación fue inaugurada en 1994 para descongestionar otros penales federales de la ciudad. Desde entonces ha sido escenario de críticas y controversias por sus condiciones y su dureza.
Tras llegar a Manhattan en helicóptero desde un aeropuerto militar del norte del estado, Maduro fue conducido bajo fuerte custodia al MDC, donde permanecerá en detención preventiva mientras se tramita su proceso en la Corte Federal de Manhattan, donde enfrenta cargos por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y delitos relacionados con armas automáticas. Todos cargos por los que puede ser condenado a prisión perpetua.
La cárcel de Brooklyn es conocida por sus estrictos protocolos de seguridad y por largas horas de confinamiento en celda, en muchos casos con acceso limitado a recreación y comunicaciones. Informes de ex internos, familias de reclusos y defensores de derechos humanos describen el lugar como ruidoso, con hacinamiento, frecuentes quejas por falta de atención médica y episodios de violencia interna.
Maduro y su esposa, Cilia Flores, de 69 años, estarían alojados en secciones segregadas para altos perfiles, lejos de la población general, tanto por razones de seguridad como por su notoriedad internacional. Serán ellos los nuevos integrantes de un "perfil selecto" de convictos.
El Metropolitan Detention Center se ha convertido en un símbolo de detención federal para casos de alto perfil mediático o complejidad legal. Más allá de Maduro, numerosos personajes conocidos - criminales, celebridades y ex mandatarios - han pasado por sus instalaciones, incluso antes de ser transferidos a otras prisiones o traslados.
Algunos de los presos ilustres vinculados al MDC incluyen:
Ghislaine Maxwell – Socialité británica y colaboradora de Jeffrey Epstein, acusada de tráfico sexual de menores.
Sean “Diddy” Combs – Productor musical y empresario, encarcelado en el MDC mientras esperaba sentencia por cargos federales.
Sam Bankman-Fried – Fundador de la plataforma de criptomonedas FTX, detenido por cargos de fraude financiero.
R. Kelly – Cantante condenado por formar parte del crimen organizado y abuso sexual, que también pasó por el centro antes de ser trasladado.
Ismael “El Mayo” Zambada – Cabecilla del Cártel de Sinaloa, actualmente detenido y enfrentando cargos de narcotráfico.
Juan Orlando Hernández – Ex presidente de Honduras, encarcelado en EE. UU. por su implicación en conspiraciones de drogas (posteriormente trasladado tras sentencia)
Fetty Wap, Martin Shkreli, Keith Raniere y otros – Figuras mediáticas y criminales de alto perfil que han pasado por el MDC. Esta mezcla variopinta de delincuentes ha contribuido a la reputación del centro como un lugar duro y, en ocasiones, caótico.
A lo largo de los años, el MDC ha recibido críticas de abogados, activistas y hasta jueces federales por sus condiciones. Quejas recurrentes incluyen hacinamiento, falta de personal, violencia entre reclusos y problemas de infraestructura, como apagones y deficiencias en servicios básicos. La Oficina Federal de Prisiones ha intentado en los últimos años mejorar la seguridad y reducir la población carcelaria, pero las críticas persisten y varios magistrados han expresado su preocupación por la idoneidad del lugar para albergar a reclusos con necesidades específicas o casos sensibles.
Mientras Maduro atiende la primera audiencia en su contra en Manhattan, la atención internacional también se centra en cómo será su vida diaria dentro de este centro que ha sido descrito por algunos como “infierno en la tierra” y por otros como una de las piezas más duras del sistema penal federal estadounidense. De nuevo, conviene tener presente que Maduro no será juzgado por haber sido un mal presidente que no respeto ni la democracia ni a los derechos humanos. Se trata, para los Estados Unidos, de un terrorista, contrabandista de armas y jefe de un cartel narco.
Allí no irán a buscarlo los comandos del Delta Force. Mas bien, fue el nuevo "hogar" que le tenían reservado cuando fueron a Venezuela.