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Cristina le recrimina a Alberto no haber resuelto sus causas y complica la relación con la Corte

por Mariano Obarrio | 11 de dic de 2020 - 00:51
Cristina le recrimina a Alberto no haber resuelto sus causas y complica la relación con la Corte

El clima enrarecido vuelve a respirarse en la Casa Rosada. El presidente Alberto Fernández, sin grandes promesas cumplidas para celebrar el primer año de gestión, volvió a sentir de cerca la presión de la vicepresidenta Cristina Kirchner. La carta fulminante contra la Corte Suprema, a la que acusó de persecución judicial y lawfare, se sintió en el albertismo como un tiro por elevación al Presidente por no haber resuelto los problemas judiciales de ella en el primer año de mandato. Pero este jueves se volvieron a ver las caras públicamente después de mucho tiempo.

La vicepresidenta acusa internamente a Alberto de no influir en el Poder Judicial en favor de ella. Ese es el verdadero motivo de la grieta creciente entre ellos, según pudo saber A24.com.

Primer factor de intranquilidad en la Casa Rosada. Pero, además, existe otro ingrediente grave: el Gobierno venía negociando con Ricardo Lorenzetti el fallo por la quita de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires en una gestión difícil. Luego de la carta de la vicepresidenta y de las declaraciones del senador K Oscar Parrilli, Lorenzetti sabe que el kirchnerismo le pedirá juicio político, es decir que va por su cabeza.

Por ese motivo, muchos observadores internos de la Corte aseguraban ayer que Lorenzetti deberá recapacitar sobre ese fallo. Si Lorenzetti beneficia con su voto a la Nación, que le quitó a la Ciudad 65.000 millones de pesos, dejará resentida a la oposición de Juntos por el Cambio. Por lo tanto, ya no tendrá un bloque en contra sino dos, que podrían juntar los dos tercios para removerlo en un juicio político aunque sea por distintas motivaciones.

"Ahora, con el tema coparticipación, Ricardo quedó preocupado de que le apunten ambos bloques parlamentarios: el oficialismo y la oposición. Y hace números para un eventual juicio político. Tiene que quedar bien, sí o sí, con la oposición para que los K no tengan los dos tercios para echarlo", analizó un conocedor de la Corte. Pero el mismo análisis hacen en Balcarce 50.

El fallo por la coparticipación de la Ciudad estaba estancado: Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda se inclinarían por los argumentos de la Ciudad, es decir le reconocerían que el traslado de la seguridad de la Nación a la Ciudad debe ser acompañado del aumento en la coparticipación que está representado en esos 65.000 millones (2,1% de coparticipación). Pero Lorenzetti y Elena Highton de Nolasco estaban más cercanos al Gobierno. Highton le debe su banca a Alberto, cuando éste era jefe de Gabinete (2004). Lorenzetti estaba en diálogo con el jefe del Gabinete, Santiago Cafiero, a través de la ministra de Justicia, Marcela Losardo.

Tanto en el Gobierno como en la Ciudad reconocían que la balanza la inclinaría Horacio Rosatti, cuyo voto aún no se conoce. Pero era el hombre a conquistar por ambas partes. La carta de Cristina puede modificar el rumbo de las cosas, según aquellos análisis.

En la Casa Rosada temían ayer que "la carta mete ruido en ese fallo de la Corte por el tema Ciudad". "Alberto siente que Cristina le complica la vida todo el tiempo. Pero no sale a confrontar con ella porque luego de este año difícil destaca que no haya explotado el espacio del Frente de Todos. Ese es un mérito de Alberto Fernández", dicen en el entorno albertista. Por eso, el Presidente salió a avalar tibiamente la carta de ella.

El acuerdo político entre Alberto y Cristina para que éste fuera candidato presidencial en 2019 consistía en que su gestión se enfocaría a reformar el Poder Judicial; desplazar a los jueces y camaristas más peligrosos, y controlar el Ministerio Público con un hombre de confianza para diluir las causas judiciales de Cristina. Todo eso constituye la primera promesa incumplida de Alberto, a los ojos del kirchnerismo duro.

La reforma judicial duerme en la Cámara de Diputados porque no hay número para aprobarla. La reforma de la ley orgánica del Ministerio Público correría la misma suerte: quedó para el año próximo. Y la Corte no le permitió desplazar a los camaristas Bruglia, Bertuzzi y Castelli, que seguirán en sus cargos hasta que haya nuevos reemplazos por concurso en un año.

Para colmo de males, la Cámara de Casación convalidó la ley del arrepentido en la causa cuadernos y la Corte confirmó la condena al ex vicepresidente Amado Boudou a 5 años y 10 meses de prisión. Cristina siente que se van rompiendo vallas de contención y que el agua le llega a los pies.

Más allá de las promesas de resolver el hambre, la pobreza, las jubilaciones, la inflación o la actividad económica... a Cristina Kirchner el conflicto judicial era el único que le importaba y al que dedicó su gestión en el Senado. A todas luces, fue la viga maestra de su agenda paralela.

Cuando el kirchnerismo salió a defender a Boudou y criticó a la Corte hace unos días, Andrés Larroque, ministro bonaerense de Desarrollo Humano, dijo con todas las letras que desde el 10 de diciembre no cambió nada en la Justicia, una abierta embestida contra Alberto.

"La carta es un pase de facturas a Alberto porque no le cumplió en solucionarle los temas judiciales", señaló un funcionario cercano al kirchnerismo ante la consulta de A24.com. A Cristina se le viene el año electoral encima y las encuestas reflejan una pérdida de popularidad que significa un riesgo por partida doble. A medida que se acerquen las elecciones, su situación será más difícil. Para un Gobierno, las críticas por la impunidad son una mala campaña en contra.

Por otro lado, presume, con razón, que los jueces miran las encuestas para avanzar o no en las causas y el panorama de una derrota le hace más incierto su futuro judicial. Si encima esa derrota electoral se concreta, y el Gobierno se transforma en un pato rengo, su situación sería peor.

"Eso se lo imputa a Alberto, al que le adjudica ineptitud para operar en la Justicia o mala intención para tenerla a ella agarrada. Ella quería que todo se resolviera este año. Ese es el fondo de la pelea entre ellos. Los jueces van perdiendo miedo a fallar a medida que las encuestas dan menor popularidad", señalan en el oficialismo, donde conocen a ambas partes.

Cristina agudiza con la carta incendiaria el conflicto con la Corte porque presume que la condena a Boudou anticipa fallos adversos contra ella. Una manera de pelear contra eso es politizar el conflicto: si en el futuro fallan contra ella, será porque existe una previo conflicto político por el cual podría recusarlos, al denunciarlos por lawfare, y no porque cometió actos indebidos.

Es extraño que Cristina denuncie de persecución política a una Corte cuya mayoría viene del peronismo. Lorenzetti, Rosatti y Maqueda son peronistas. Highton fue muy cercana al Presidente. Rosenkrantz es el único ajeno al PJ. Y para un peronista, explican los peronistas, fracasar en las gestiones con la Justicia es un fracaso de la política, máxime si esos jueces son peronistas. Es por ello que Alberto sería un funcionario que no funciona, según ella.

"Cualquier gobierno peronista tiene que conducir a la Justicia. Si no la conduce, fracasa. Cristina cree que no pudo conducirla o no quiso para tenerla agarrada a ella", señaló un hombre muy cercano a La Cámpora. La carta fue celebrada por el kirchnerismo duro: el diputado Leopoldo Moreau dijo que había que aumentar el número de la Corte, como una amenaza al máximo tribunal. Más grieta con los jueces.

En el entorno del diputado Máximo Kirchner señalan que eso "no está en discusión". Diferente fue la reacción del senador Oscar Parrilli, quien esgrimió la posibilidad de un juicio político y le reclamó a la ex diputada Elisa Carrió, de la CC, que desempolvara uno que ella había presentado. En este punto, los voceros K no desmienten a Parrilli. Ese podría ser el próximo intento de anular a los supremos.