Pero la casa de Fátima Florez no solo es un museo de recuerdos familiares; está impregnada de su éxito profesional. Numerosos premios, incluyendo dos Martín Fierro ganados en 2013 y 2015, decoran sus estanterías, testimoniando su destacada trayectoria en la industria del entretenimiento.
Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos es la fascinación de la actriz por la cultura egipcia, reflejada en la presencia de papiros, jeroglíficos y una réplica de la máscara de Tutankamón en su hogar. Esta pasión por lo exótico y lo histórico añade una capa única a la estética de su espacio vital.
El recorrido concluyó en su gimnasio, equipado con pesas, cinta y una bicicleta fija, ofreciendo una visión adicional de la vida diaria de esta versátil artista.