Rocío Milagros Rauch, madre de Aralí, fue considerada partícipe necesaria de los delitos, mientras que su entonces pareja, Ezequiel Matías Simeone, y Cristian Hernán Varela, amigo de este último, fueron declarados responsables de los hechos.
Las acusaciones incluyeron abuso sexual agravado y homicidio calificado, con agravantes vinculados con la violencia de género y la finalidad de ocultar otros delitos.
Durante los alegatos, las defensas habían solicitado la absolución de los imputados. Los abogados de Rauch sostuvieron que la mujer no había participado del crimen y que desconocía lo que ocurriría. Por su parte, la defensa de Varela cuestionó la prueba genética presentada en el expediente, mientras que los representantes de Simeone pidieron la nulidad de distintos elementos probatorios.
Sin embargo, el tribunal consideró acreditada la responsabilidad penal de los tres y dispuso que recibieran prisión perpetua.
Los gritos de la madre de Aralí Vivas después de conocer la condena
Uno de los momentos más tensos de la jornada ocurrió después de la lectura del veredicto. Cuando los agentes se preparaban para retirar a los condenados de la sala, Rocío Milagros Rauch comenzó a gritar y llorar frente a los presentes.
Primero se dirigió a Ricardo Daniel Vivas, padre biológico de Aralí, a quien responsabilizó por distintas situaciones familiares. "¡Ricardo, drogadicto, por culpa tuya me tuve que ir a buscar la comida para mi hija!", expresó la mujer, según las imágenes difundidas por medios cordobeses.
Luego apuntó contra los otros dos condenados y, especialmente, contra Simeone, su expareja. "Vos te olvidaste que tenés hijos conmigo, desgraciado", le reprochó antes de ser retirada del tribunal.
La reacción contrastó con lo que había ocurrido antes de conocerse la sentencia, cuando Rauch le había pedido al padre de Aralí que continuara buscando justicia.
Mientras tanto, familiares de la víctima manifestaron su indignación contra la mujer. A la salida de los tribunales se escucharon insultos y acusaciones por su participación en el crimen. Entre los reproches dirigidos a la condenada se escuchó la frase "Malparida, vos la entregaste a tu hija", en una escena que reflejó la tensión acumulada durante el proceso judicial.
Cómo fue el crimen de Aralí Vivas en Córdoba
El asesinato ocurrió el 1° de noviembre de 2024, en una vivienda de la calle Caseros, en la localidad cordobesa de Brinkmann. El caso salió a la luz cuando los bomberos acudieron al domicilio por un incendio y encontraron el cuerpo de Aralí en una de las habitaciones.
En un primer momento, el fuego apareció como una posible explicación de la muerte. Sin embargo, las pericias revelaron que la nena había fallecido antes de que comenzaran las llamas.
Los investigadores encontraron lesiones compatibles con abuso sexual y determinaron que la víctima había sufrido una muerte violenta.
De acuerdo con la reconstrucción judicial, el incendio fue provocado intencionalmente para destruir pruebas y encubrir los delitos cometidos contra la menor.
Las cámaras de seguridad, los testimonios y los estudios periciales permitieron reconstruir los movimientos de los acusados durante las horas previas y posteriores al crimen.
Una de las circunstancias que llamó la atención de los investigadores fue que el fuego había afectado principalmente la habitación donde se encontraba Aralí, mientras que otros sectores de la vivienda no presentaban daños de la misma magnitud. Además, los bomberos no encontraron indicios de que la nena hubiera intentado escapar.
El relato de uno de los hermanos de Aralí que fue clave en la investigación
Durante la investigación surgió un testimonio especialmente importante para reconstruir lo ocurrido. Según se estableció en la causa, Simeone había salido de la vivienda con dos hermanos de Aralí, a quienes supuestamente llevaría a jugar a una plaza.
Uno de los chicos relató posteriormente, durante una declaración en Cámara Gesell, que había regresado a la habitación donde estaba su hermana. "Estaba dormida, la tapé y bajé", contó el menor, sin saber que Aralí ya había muerto.
El testimonio fue incorporado a una investigación que también analizó las condiciones en las que vivían la víctima y sus hermanos.
De acuerdo con los antecedentes judiciales, Simeone contaba con una condena previa por violencia de género y otros antecedentes penales.
La fiscalía también examinó el contexto familiar y los episodios de violencia que habían sido denunciados antes del asesinato.
Las denuncias previas y los cuestionamientos a los organismos de protección infantil
El caso también dejó al descubierto una serie de advertencias y denuncias anteriores al asesinato de Aralí. Familiares de la nena habían expresado preocupación por las condiciones en las que vivían los chicos y por situaciones de violencia y consumo problemático de sustancias dentro del entorno familiar.
Betiana Heredia, familiar de Aralí y responsable del cuidado de dos de sus hermanos, contó que los menores continúan bajo tratamiento psicológico después de lo ocurrido.
Durante la investigación, el fiscal de instrucción Oscar Gieco había descripto un ambiente familiar atravesado por situaciones de violencia y falta de cuidados adecuados.
También surgieron cuestionamientos sobre la actuación de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) de Córdoba. Según los antecedentes publicados, el organismo había intervenido previamente y dispuesto medidas relacionadas con el cuidado de los menores y tratamientos para los adultos responsables.
Tras el crimen, familiares y vecinos reclamaron que se investigara si las instituciones habían actuado de manera adecuada frente a las advertencias recibidas. Trascendió que se había dispuesto una investigación interna, aunque no se informó públicamente sobre sus conclusiones.
El reclamo de justicia de la familia de Aralí Vivas
El juicio comenzó el 22 de septiembre de 2026 y se desarrolló a puertas cerradas, con la participación de jurados populares. Durante las audiencias declararon familiares, profesionales médicos y especialistas que intervinieron en las pericias.
De los tres acusados, Cristian Varela fue el único que decidió declarar y responder preguntas. Negó haber participado del abuso y del asesinato.
Antes de la sentencia, familiares de Aralí habían reclamado que los responsables recibieran la pena máxima. Finalmente, la Justicia condenó a prisión perpetua a los tres acusados, en una resolución que cerró la etapa del juicio oral por uno de los crímenes que mayor conmoción provocaron en Córdoba durante los últimos años.
Sin embargo, para los allegados de la víctima persisten interrogantes sobre las advertencias previas y las posibilidades de intervención que existieron antes del asesinato.