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POLÍTICA

A pesar de las internas y el “fuego amigo”, Alberto busca retomar la moderación y el “equilibrio”

A pesar de las internas y el “fuego amigo”, Alberto busca retomar la moderación y el “equilibrio”
El Presidente, junto a Agustín Rossi en Tandanor (Foto: Presidencia).

En la semana que evidenció la grieta que subyace en el Frente de Todos, el presidente Alberto Fernández quiere volver a ser “Alberto”. En la Casa Rosada aseguran que el jefe del Estado busca un regreso al diálogo con todos los sectores, especialmente con el empresario; fortalecer su alianza con la CGT, moderar el enfrentamiento con la Corte Suprema, enviar buenas señales a los Estados Unidos y encarar de lleno el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

“Quiere moderarse, volver al diálogo, al ciclo racional, y conversar con todos antes que radicalizarse”, señaló a A24.com un funcionario de su extrema confianza. Por ahora, decidió poner el pecho al “fuego amigo” de los laderos de la vicepresidenta Cristina Kirchner. “Somos un gobierno de coalición y eso será así, hay que hacer equilibrio”, dicen.

El kirchnerismo duro reclama un cambio de Gabinete general y urgente. Muchas veces utiliza periodistas militantes para ello. Critican tantas reuniones con empresarios nacionales, rechazan el voto en contra de Venezuela en la ONU, anticipado por A24.com la semana última, y la tibieza del albertismo ante la Corte Suprema díscola.

En las oficinas de Alberto hay preocupación por la agitación de tantos voceros K que parecen desatados. “No saben por qué Cristina y Máximo Kirchner no frenan a su propia tropa. O no quieren o no pueden. O entienden que les conviene el conflicto interno”, dicen en Balcarce 50.

Lo que es seguro es que el Presidente sostendrá a todos sus ministros. “No va a entregar las cabezas ni de Santiago Cafiero, ni de Matías Kulfas ni de Nicolás Trotta, que son sus hombres de máxima confianza. Tampoco quiere pelearse con Cristina. No estamos en guerra con nadie. Equilibrio”, dijo a A24.com otro funcionario del ala moderada.

Los mayores articuladores de esa filosofía zen son el propio jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; y el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello. También el ministro de Producción, Matías Kulfas. Hace dos semanas organizó una reunión con los principales empresarios, que se mantuvo en secreto y sólo trascendió ayer.

“No queríamos exponernos a las internas y a los ataques del kirchnerismo”, explicaron en el albertismo. Hasta ese punto llega el recelo con la compañera Cristina: ocultar una agenda de semejante nivel institucional. Se habló allí de las últimas medidas del Banco Central, de la rebaja de retenciones al agro, la industria y a los aceiteros, y la ley de economía del conocimiento, con incentivos y reintegros de aportes patronales y ganancias, entre otras cosas.

“Dicen que se empezó a captar dólares del bloque aceitero. Empiezan a liquidar”, se ilusionan en el entorno de Alberto. En reserva, sostienen que tienen diálogo con la Mesa de Enlace, que quedó enojada con el Consejo Agroindustrial, de José Martins, por la rebaja diferenciada de las retenciones al agro. “Finalmente estaremos bien”, señalan.

Con el riesgo de que se desaten más peleas con el ala dura del kirchnerismo, Alberto Fernández presidirá la apertura del Coloquio de IDEA el 14 de este mes con el título “Qué país queremos ser”.

Esta es la continuidad de la reunión que encabezó Cafiero con la UIA y el Consejo Agroindustrial el lunes último, mientras que en su despacho Alberto recibía a Luis Perez Companc. También se prepara un anuncio en Vaca Muerta sobre Energía, aún sin fecha.

En aquella reunión de Olivos, el Presidente y su gabinete económico recibieron a los principales ejecutivos de Techint, Luis Betnaza; de la UIA, Miguel Acevedo; de Globant, Martín Migoya; de Toyota, Daniel Herrero; de Aceitera General Deheza, Roberto Urquía; de Accenture, Sergio Kaufman; de IBM, Roberto Alexander; de Murchinson, Roberto Murchinson; de Sinteplast, Miguel Ángel Rodríguez; y al titular de la Cámara de la Construcción, Iván Szczech. Acevedo y Szczech estuvieron el lunes también con Cafiero.

El principal reclamo de los empresarios es terminar con la grieta y avanzar en la integración nacional para acordar políticas con la CGT para generar incentivos para la inversión en materia de impuestos, aportes patronales y empleo.

Pero tanto la central obrera, que conduce Héctor Daer, como los industriales siempre desconfían de las reacciones de Cristina Kirchner y sus laderos. Alberto les promete que quiere ser fiel a sí mismo, pero a veces lo disimula.

El voto del embajador Federico Villegas en Ginebra, en la comisión de Derechos Humanos, en contra de las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, asentadas en el informe de Michelle Bachelet, comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, puso en carne viva la interna del oficialismo.

Cristina y Máximo dejaron que los voceros bolivarianos de su sector avanzaran contra el canciller Felipe Solá, que era una manera de pegar contra Fernández.

Alicia Castro renunció a la embajada en Rusia, a la que nunca había sido designada. Pero en cambio, el embajador ante la OEA, Carlos Raimundi, que había desoído las ordenes de la Cancillería, no renunció pese a haber sido desautorizado. Son distintas maneras de dar la vida por el régimen bolivariano y por la Patria Grande.

Luis D’Elía salió a presionar para que Alberto hablara con Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. “No hay nada que hablar con Maduro”, contestaron en la Casa Rosada y en Cancillería.

Hebe de Bonafini le pidió perdón a Maduro, a Nestor Kirchner, a Hugo Chávez y a los pueblos de los dos países. Alberto Fernández hizo ayer un relato de todo el tiempo que gobernó con Kirchner en la Casa Patria Grande y al final dijo: “Sigue caminando al lado mío”. Final.

El apoyo a Alberto vino de Roberto Lavagna. El ex ministro de Economía dijo en un tuit “hay que evitar toda forma de autoritarismo y populismo” y, en cambio, fortalecer el “consenso y el diálogo democrático”. Su diputado Alejandro “Topo” Rodríguez señaló: “Son los mismos que ni se mosquearon cuando el oficialismo le garantizó la dolarización de la deuda en pesos a fondos especulativos del exterior mediante una ley”. Es Lavagna puro.

La intención del Presidente en la ONU fue respaldar a su amiga Bachelet, con quien habló dos horas el día anterior, pero también enviar una señal contundente a los Estados Unidos y a la Unión Europea.

Está en juego la negociación de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde esos países y bloques son clave. “Hay 44.000 millones de razones (y de dólares) por los cuales votar así”, señaló un hombre incondicional de Alberto.

“No votamos con Bolsonaro ni con Trump, sino con la Unión Europea, con quien Alberto quiere dialogar”, dicen en Balcarce 50. En la Cancillería, sin embargo, saben que Francia obturó, al menos este año, la convalidación del acuerdo UE-Mercosur y puso como excusa la política ambiental de Brasil en el Amazonas. “En realidad protegen a sus productores”, señalan. Ese acuerdo requiere de la aprobación de los parlamentos. No ocurrirá por ahora. Pese a que la Argentina empuja en favor.

El Gobierno también, sin decirlo, por temor a los K, quiere racionalizar el gasto. El frente fiscal será durísimo, con un déficit previsto de 7 puntos del PBI en 2020. No habrá una cuarta edición del IFE, un sueldo de 10.000 pesos que se repartía a 9 millones de personas: 90.000 millones de pesos.

El recorte de los gastos a la Ciudad también va en esa línea. Y el Gobierno quiere negociar ahora con Juntos por el Cambio una nueva fórmula polinómica para fijar un nuevo cálculo de aumentos jubilatorios antes de diciembre.

Entre bambalinas se admite que buscará recortar fondos previsionales. Alberto querrá evitar que haya 14 toneladas de piedrazos contra el Congreso como en 2017.

También el albertismo frenó la embestida contra la Corte. La diputada K Vanesa Siley había presentado un juicio político contra su presidente, Carlos Rosenkrantz. Pero en la Casa Rosada dejaron trascender mensajes en off the record de que la iniciativa no era del Presidente y que había sido anterior al fallo que concedió el per saltum para analizar la situación de los camaristas Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y del juez Germán Castelli.

El legislador porteño Leandro Santoro, vocero extraoficial de Alberto, dijo que no conviene pelearse con la Corte y menos con la gente porque el costo lo va a pagar toda la clase política, sin distinciones.

Luego, su ex suegro Leopoldo Moreau redobló la apuesta K y extendió el potencial juicio político a toda el máximo tribunal. “La Corte puede fallar lo que quiera, nosotros tenemos problemas más graves para ocuparnos. En todo caso, será problema de otros”, ironizan en la intimidad de Olivos.

por Mariano Obarrio
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