“Si bien las acciones lesivas contra la imagen ocurren en todos los países del mundo en Argentina se ha convertido en un deporte lleno de desafíos permanentes amparado por la falta de mirada del estado y el vacío legal reinante”, expresa.
“Es allí cuando la figura en pleno ascenso o ya consolidada debe prestar junto a su equipo de imagen la mayor atención a los vueltos adeudados, los muertos atesorados en su placard y en especial a los riesgos que su exposición le representan a cada instante”, agrega.
Zonzini, también hizo hincapié en casos internacionales donde la habilidad de los managers de medios, tras la elaboración de tácticas y estrategias, pueden catalizar lo negativo de las acciones lesivas en procesos de transformación netamente positiva: “Por citar solo un ejemplo al presidente de los Estados Unidos Bill Clinton le tiraron en su mejor momento de popularidad “un vestido, con su propio semen, que no era precisamente de su esposa (Hillary) sino de una becaria de la casa blanca (Mónica Lewinsky. Es decir mostraron del actor social más importante del país su capacidad de traición, sus inmoralidad y su abuso de poder pero sin embargo semejante acción, que para cualquier persona significaría un súbito final dentro de un esquema de sociedad patriarcal, y tras la aceptación del perdón de la esposa traicionada, potenciaron la figura de un hombre que hoy por hoy mantuvo su prestigio y de hecho brinda conferencias de tinte sociopolítico en todo el mundo percibiendo cachet con montos cercanos al cuarto de millón de dólares por cada una de sus presentaciones y conferencias”.
Para finalizar, Jorge Zonzini, se refirió a estas prácticas y sus consecuencias dentro de nuestra farándula local con los siguientes conceptos: “El narcisismo y las carreras ascendentes vertiginosas llenas de atajos, sin construcción estratégica de caminos con asesoramientos nulos o de amateurs conforman un cóctel fatal muy difícil de digerir para quienes reciben tales ataques y, de hecho, todas las acciones lesivas contra la imagen e invasivas de la privacidad tienden a mostrar la torpeza negligente de la celebridad. Es decir, dejan en claro que arriba del escenario o con las luces y la cámara encendida son una cosa, pero en realidad debajo del mismo o cuando las luces se apagan son otra totalmente distintas, en realidad, contorneadas por el armado de fachadas y mucho maquillaje que no dejan ver a la verdadera entidad que representan. Esos ataques certeros contra los famosos se constituyen en una manera desafiante de llegar a los fanáticos y seguidores de esos perfiles como asestándoles la siguiente pregunta: ¿Vos, seguís a este “personaje”? Bueno, acá tienes a la “persona”.