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POLÍTICA

Alberto, Axel, Horacio y Máximo: las 3 postales que reabren el conflicto político en la Argentina

Alberto, Axel, Horacio y Máximo: las 3 postales que reabren el conflicto político en la Argentina
Alberto Fernández, durante el anuncio de la creación del Fondo para el Fortalecimiento Fiscal de la Provincia de Buenos Aires (Foto: Télam).

Alberto Fernández, el Jefe de Estado, el hombre que concentra en sí mismo (por su rol) las contradicciones de la Argentina, iba a hablar para contener una protesta policial grave en términos insticionales. Al lado, el gobernador Axel Kicillof y la vicegobernadora Verónica Magario. En segunda fila, intendentes de todos los espacios políticos: peronistas clásicos, kirchneristas, camporistas, albertistas, radicales, PRO...

Pero llamó la atención la primera fila. Justo atrás de Alberto estaban Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados; Santiago Cafiero, jefe de Gabinete; Wado de Pedro, ministro del Interior; y Máximo Kirchner, formalmente un diputado que preside el bloque del Frente de Todos en la cámara baja. Su presencia contrastaba con la del resto, con cargos ejecutivos.

Alberto empezó hablando de diálogo y terminó anunciando una quita abrupta y sin preaviso de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires. Su “amigo” Horacio se enteró un minuto antes por mensaje de texto, según coincidieron ambos protagonistas de la historia.

Mientras, Máximo Kirchner lo miraba. Jorge Macri -otro portador de apellido- evaluó levantarse de la silla; revoleaba los ojos para todos los costados como buscando una salida… Lo sentaron justo atrás del Presidente para que quedara en el plano de TV mientras Alberto hablaba. “Fue una emboscada”, dijo uno de los intendentes opositores presentes.

Al día siguiente, Kicillof presentaba su plan de seguridad. Estaban invitados y confirmados los intendentes de la oposición. Al final no fueron. Otra vez, la foto habla más que las palabras. Máximo Kirchner ya no estaba en el costado sino en el centro, mirando fijamente al gobernador.

Al lado de Máximo, Mayra Mendoza, única intendenta del conurbano de La Cámpora. Más lejos, pero también en primera fila, Martín Insaurralde, un intendente muy cercano a Máximo.

En segunda fila quedaron Juanchi Zabaleta, de Hurlingham (el más albertista de los intendentes); y Fernando Espinoza, jefe de la poderosa La Matanza, que también se siente más cerca de Alberto que de La Cámpora.

Máximo en el centro. Los demás, de costado o atrás.

Kicillof anunciar las medidas para terminar con el reclamo de la Bonaerense. Máximo, en el medio, de frente a él (Foto: Gobierno de la provincia de Buenos Aires).
Kicillof anunciar las medidas para terminar con el reclamo de la Bonaerense. Máximo, en el medio, de frente a él (Foto: Gobierno de la provincia de Buenos Aires).

Tercera foto. Larreta. Primera fila: más legisladores nacionales que gabinete. Nacionalizó la pelea. Martín Lousteau y Guadalupe Tagliaferri (senadores nacionales); Paula Oliveto y Maxi Ferraro (gente de Carrió en Diputados). También, un poquito más atrás, Graciela Ocaña, Emiliano Yacobitti (diputado y presidente de la UCR porteña) y el socialista Roy Cortina, legislador porteño.

Larreta habla, acompañado por Santilli y secundado por distintos legisladores nacionales de Juntos por el Cambio (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).
Larreta habla, acompañado por Santilli y secundado por distintos legisladores nacionales de Juntos por el Cambio (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).

La presentación se había cocinado unas horas antes en un almuerzo en la sede de Uspallata del gobierno porteño. Fue una instancia extraña, en la que participaron dirigentes de toda la coalición que gobierna la Ciudad. Hubo empanadas y gaseosa. La gente mucho no hablaba entre sí por miedo al Covid-19, aunque el salón era amplio; había personas de riesgo.

“Horacio estaba raro, como ido. Como una persona que masculla. Pero tranquilo”, relata uno de los presentes. Los dirigentes hablaban y planteaban estrategias: funcionó más como un espacio de contención y catarsis. Todos coincidieron en que no tenía que ir al choque. “Alberto está en la chiquita, viendo cómo divide, no hay que entrar”, fue una de las advertencias.

No hubo reproches por su acercamiento a Alberto durante los últimos meses. Larreta escuchaba y anotaba, fiel a su estilo. Agradeció los apoyos de todos los que hablaron públicamente después del anuncio. Valoraron particularmente el rol de Lousteau, que salió a contestar técnicamente apenas terminó el anuncio del Presidente.

Después del almuerzo, Larreta se encerró con sus principales asesores y su ministro de Comunicación a terminar de delinear la estrategia: se definió que lo mejor era rodearlo de “toda la institucionalidad de la Ciudad” y sin la dirigencia tradicional de Juntos por el Cambio. La defensa en los medios quedaría a cargo de los legisladores y se decidió no exponer al gabinete ni al larretismo.

Como sea, el Jefe de Gobierno mostró sus cartas para lo que viene: nada de confrontación, gente joven, sin las caras habituales de la política. “Futuro”.

Al día siguiente, Alberto volvió recargado. A la mañana, en un acto con gobernadores peronistas en anuncio de obra, dijo:

  • “Vinimos a tranquilizar al país, pero al país no se lo tranquiliza con acciones condescendientes”.
  • “Estoy seguro de que lo que estamos haciendo no es sembrar discordias. Estamos sembrando igualdad, que es otra cosa”.
  • “Que allí donde los recursos abundan se distribuyan de otro modo para aquellos que lo están necesitando”.
  • "Vamos a seguir dialogando, ningún diálogo se rompe. A veces no se está de acuerdo, simplemente. Y a veces, a algunos les duele renunciar a los privilegios".
  • “Es quitar la abundancia de algunos lados para distribuirla en las carencias que existen en la Argentina”.

Más tarde fue el turno de Eduardo “Wado” de Pedro, ministro del Interior. No suele hablar. Pero esta vez le tocó. En un mensaje muy cuidado, explicó los motivos de la decisión. En el medio del video editado incluyó varias imágenes de “Mauricio” y “Horacio” juntos. En el nuevo relato oficial, Horacio es Larreta y Mauricio es Macri.

  • “El diálogo no puede ser ni de sordos ni de pícaros”.
  • “La decisión del Presidente subsanó una gran injusticia”.
  • “Esta injusticia es una inmoralidad (imágenes de Macri)”.

¿Cuál es el argumento del Gobierno?

  • La Constitución establece que las transferencias deben hacerse por ley del Congreso y con los recursos.
  • “El Gobierno de Macri incumplió las dos cosas: la transferencia se hizo por decreto y los fondos asignados representaban más del doble del costo real de funcionamiento”, ilustró Wado con imágenes de los dos líderes del PRO juntos.
  • Según el cálculo del Gobierno, el costo de la Policía equivale a 1% de los fondos nacionales coparticipables; Macri le transfirió más del doble.
  • De esta manera, sacándole un punto a la Ciudad, se garantizan los fondos para la Policía de la Ciudad y recupera el excedente para la policía de Buenos Aires.

Todos argumentos atendibles. El principal cuestionamiento no es económico. El Estado nacional tiene muchos resortes para compensar esta medida. También la Ciudad. “Es una escalada, no es un problema puntual”, dice alguien que tuvo que enfrentar este tipo de problemas cuando Macri era Jefe de gobierno porteño y Cristina, Presidenta: recuerda cuando le trataron de sacar los fondos judiciales al Banco Ciudad o la seguridad al subte.

El problema no es el contenido sino las formas: “A la crisis sanitaria, económica y de seguridad ahora se le suma una crisis política”, analizó el radical Mario Negri al enterarse de la medida.

La sorpresa la dio el peronismo porteño. Cuando se toman este tipo de medidas que afectan a un distrito, en general el oficialismo nacional busca una manera de proteger al partido a nivel local. Acá fue descarado:

El presidente del bloque del Frente de Todos de la legislatura porteña, Claudio Ferreño, salió rápido a aplaudir que le saquen los fondos a la Ciudad, mucho antes que la mayoría de los gobernadores. Hizo lo mismo el senador y ex candidato a jefe de gobierno porteño Mariano Recalde. ¿Qué opinará Matías Lammens?

Al hablar de la “opulencia” o “abundancia” de la Ciudad, se desconoce que Buenos Aires no es Suiza, ni Alemania, sino también un lugar con muchos problemas de inseguridad, pobreza y otros déficits estructurales. Justamente la Ciudad acaba de firmar un convenio con el Observatorio de la Deuda Social de la UCA que dirige Agustín Salvia para monitorear la pobreza “multidimensional” porteña. Ese observatorio (muy ligado al Papa) siempre tuvo problemas durante la gestión Macri; otra vuelta de página de Larreta.

El jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, junto a María Migliore, ministra de Desarrollo Social, y Agustín Salvia, de la UCA (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).
El jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, junto a María Migliore, ministra de Desarrollo Social, y Agustín Salvia, de la UCA (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).

Así y todo, el mayor cuestionamiento a la decisión de Alberto no tiene que ver con cómo se distribuyen los recursos sino con cómo se hizo.

La Argentina, otra vez como en el día de la marmota, volviendo a reeditar el unitarios vs. federales; el personalismo vs. antipersonalismo; el peronismo y antiperonismo; kirchnerismo vs. antikirchnerismo... Difícilmente haciendo lo mismo vayamos a obtener resultados diferentes.

La decisión política fue jugar a la polarización cuando la economía (y el manejo de la pandemia) no dan resultados. Lo mismo que hizo Macri. La ventaja que tiene Alberto es que ya sabe cómo termina la película.

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por Pablo Winokur @pablowino
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