En la espesura de la humedad de los cuerpos, banda y público hicieron su danza de aparea-miento. Hubo despliegue arriba el escenario, liderado por la efervescencia de Uma y el contoneo de Dárgelos, y también sobre la hierba, donde se vieron muchos grupos de amistades, parientes de distintas edades, parejas pringosas y solitarios pasándola bien. Porque a diferencia de lo que dice la canción de Trinchera, la noche no te abandona si Babasonicos es parte de esa noche.
A lo largo del set, el tono celebratorio permaneció siempre ahí, apuntalado por versiones desfachatadas de "Microdancing" o "Deléctrico", intensamente acompañadas por los efectos visuales y la iluminación. Sí, como en un boliche al aire libre, pero también como en un videoclip y, de a ratos, como en una simulación de computadoras.
Aunque así como esos caballos, esas yeguas y esos faunos que son parte de la imaginería de la banda, Babasónicos es un grupo con tracción a sangre, capaz de plantar un show de estas dimensiones casi sin dar respiro, con un tema detrás del otro, casi sin espacio entre hits como "Los calientes", "El colmo", "Pendejo", "Irresponsables" o "La Lanza", en la que Adrián se acercó a cantar junto al público.
El set se redondeó con temas sin bozal como "Once" o "Sin mi diablo", pequeñas delicatessens como "Vampi" y una de las canciones más icónicas de la última década, como "La Pregunta".
Queda visto que lo de la geometría no estaba solo en ese tablado triangular: así como la gente llenó la cancha rectangular del Campo Argentino de Polo, Babasónicos llenó el ambiente de canciones redondas.