Al respecto, cuenta que comenzó desde muy niño, con apenas 6 años a transitar el camino del baile. "Si bien provengo de una familia gitana no había tenido la posibilidad de asistir a las mejores escuelas de baile, y eso me hizo abandonar el flamenco cuando fui más grande. Me hice aficionado a la televisión, estudié periodismo en la universidad y hasta tuve un programa radial de producción propia en Elche, mi ciudad. Pero lo que debía ser un formato de política y actualidad se convirtió en un programa de detección de talentos jóvenes que fue un éxito. Y eso me animó para ir a Madrid, ya sea para bailar en tablaos o para trabajar en los medios. Y ahí comenzó todo", reseña con precisión el artista.
Juan Amador cuenta que luego de la primera cuarentena fuerte por el Covid-19 viajó de vacaciones con su familia a Granada y ahí conoció el flamenco callejero: observé lo bien que les iba a esos artistas. Y pues, fue cuando se me encendió la lamparita y me dije 'tengo que hacer lo mismo en Madrid'".
Con la vivencia obtenida en Andalucía se fue a la capital española para tratar de ganarse un lugar. "Llegué sin nada, con el dinero para dos noches de hotel y comer un solo día. Vi que había una fuerte movida de artistas callejeros, y lo intenté CON SOLO UN ALTAVOZ DE JUGUETE Y UNA MADERA PARA BAILAR, ni más ni menos que en La Puerta del Sol, lo que era mi sueño. Cuando llegué al hotel y conté las monedas que me habían dejado en el sombrero había ganado en una hora de baile lo que todo un día de camarero en Elche. Entonces me dije 'si me voy de aquí soy un tonto', y llamé a mis padres para avisarles que no volvía".
Tocar el cielo
Las puertas se fueron abriendo de a poco, no sin esfuerzo. Primero caminó las calles, bailó en espacios públicos y mientras tanto entregaba curriculum en teatros y tablaos. Él dice que era "un poco sin vergüenza" porque se compara con el nivel de artistas que hay en Madrid y le resulta como atrevido de su parte. Pero ese empuje lo puso en los más alto: "pasé de bailar en la calle y hacerlo en hoteles 5 estrellas", dice de manera orgullosa.
Lo demás es ya conocido. Hoy, Juan Amador es un talento puro del flamenco y las danzas en general. Puede pararse en un tablao o en otro escenario y lo hará con seguridad y presencia.
Lo une a la Argentina algo muy especial como la sangre. Su madre es marplatense, y los mejores momentos en la Argentina los vivió en Mar del Plata.
"En estos años he trabajado mucho. Recibí la propuesta para hacer temporadas en Canarias, de invierno y verano que ya culminamos, luego en Sevilla, y ahora estoy haciendo temporada en Palma de Mallorca. Pero siempre tengo expectativas de superación.
En la actualidad tengo buenas ofertas en España, donde es mi casa y me siento muy cómodo, pero amo la Argentina y tengo las ganas de poder ir en algún momento. Mar del Plata es un lugar con mucho arte y espectáculo, que no pasa en otro lugar del mundo. Me gustaría poder hacer algo allí y MOSTRAR UN POCO EL FLAMENCO REAL", remata con mucha contundencia Juan Amador.
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