Esa tragedia compartida, pero procesada desde lugares diferentes, fue una de las claves que la conductora señalaba para comprender por qué, con el paso de los años, el vínculo entre ambas alternó momentos de cercanía con otros de mayor distancia.
Sin embargo, también dejó en claro que las diferencias nunca borraron el afecto. Ernestina solía definir la relación con Federica como la de dos hermanas “de fierro”, aunque sin la necesidad de mostrarse unidas permanentemente ni de compartir cada aspecto de sus vidas.
Incluso, en distintas ocasiones salió públicamente a respaldarla cuando atravesó momentos difíciles y siempre manifestó el cariño que sentía por sus sobrinos.
Según trascendió en su entorno, al momento de la muerte de Ernestina las hermanas se encontraban distanciadas. Aun así, quienes las conocían coincidían en que el vínculo nunca dejó de estar atravesado por el amor familiar, las heridas compartidas y una historia en común que las unió para siempre, más allá de las diferencias.