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POLÍTICA

Alberto y la cuarentena escalonada: una decisión difícil para descomprimir y enfocarse en la crisis

Alberto y la cuarentena escalonada: una decisión difícil para descomprimir y enfocarse en la crisis
Alberto Fernández, con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Atrás, los gobernadores de Chaco y Río Negro. También estuvo el de Jujuy (Foto: Presidencia).

Alberto Fernández cambió la cuarentena estricta por una gradual o escalonada, monitoreada semana a semana, con el eje puesto en un llamado a un nuevo contrato social: dejó atrás la histórica relación paternalista -un signo clásico de los gobiernos peronistas centrados en un líder protector- por una asociación que trasladó ahora la mayor “responsabilidad” a cada uno de los habitantes del país.

Alberto apela a una sociedad responsable, que se aprenda a cuidar sola, tomando todos los recaudos y manteniendo el distanciamiento social con las recomendaciones del Gobierno y el consejo de infectólogos, para evitar un aumento exponencial de los contagios y una disparada de la pandemia.

La decisión no fue fácil. Alberto Fernández la meditó durante las últimas semanas, y tomó la decisión contrariando su convicción inicial de cuidar la salud de los argentinos, que lo llevó justamente a decretar, antes que ningún otro país en el mundo, una cuarentena estricta el 19 de marzo, cuando los casos de coronavirus se contaban con los dedos de una mano.

¿Qué cambió para que el Presidente decida la reapertura gradual de comercios, empresas y demás actividades, incluso algunas recreativas en el AMBA, en la zona donde se registra el peor foco de contagios del país y en medio del pico de la pandemia?

La creciente pérdida de legitimidad y la amenaza de la pérdida de autoridad de un Gobierno cada vez más debilitado por la creciente crisis económica y una crisis social contenida por fuertes medidas del Estado, que sin embargo amenazan con no alcanzar de continuar con la cuarentena estricta que aconsejaba hace no más de 20 días.

Lo decidió el propio Presidente, con casi un 70% de camas de terapia intensiva ocupadas y el riesgo de colapso sanitario vigente.

Evaluó en estos días que la gente ya no cumplía la cuarentena estricta ante la necesidad de tener que salir a trabajar, abrir comercios, hacer changas. Todos los que no tienen un ingreso fijo del Estado o del sector privado incumplieron la cuarentena estricta entre el 1 y el 17 de julio en el AMBA.

Eso ponía en riesgo la legitimidad y la propia autoridad del Presidente, gobernadores e intendentes que ordenaron las restricciones a la circulación de personas.

La crisis se hace sentir muy fuerte

Hay cada vez mayores franjas de familias de clase media sumándose a comedores comunitarios, algo que nunca habían hecho.

También se registra una fuerte caída de la actividad industrial (26,4% en abril) y la pérdida de más de 200 mil puestos de empleo registrado, cierre de miles de comercios que no podrían seguir pagando impuestos y alquiler. Caída abrupta de la construcción y las exportaciones.

Una economía paralizada y una inflación creciente, con una renegociación de la deuda externa aún sin cerrar, que sigue frenando la elaboración definitiva de un plan económico de salida.

La incertidumbre de la gente reflejaba nada más ni nada menos que la incertidumbre que emanaba de la propia Casa Rosada: “Esto es día a día”, admitieron a A24.com, cerca del Presidente, funcionarios que forman parte del círculo íntimo en el sistema de toma de decisiones.

Y señalan que, como dice Fernández en cada entrevista periodística que da, fue la pandemia la que afectó la economía, no la cuarentena.

"Es un virus invisible que puso todo patas para arriba, que nadie sabe cómo se va a comportar en los próximos días", afirman. Por eso, la única solución sigue siendo -hasta que aparezca una vacuna- encerrarse en las casas como en la edad media, o cuidarse manteniendo la distancia social.

Ayer, nadie sabía a ciencia cierta cómo continuará la evolución de contagios y el nivel de demanda de atención al sistema sanitario y hasta lo admitían públicamente.

Pero también admitían, en voz baja, que el apoyo inicial a la cuarentena se transformó en 3 meses de parálisis económica, en hartazgo de la sociedad reflejado en una caída en la imagen del Gobierno en los 120 días de cuarentena. Todo eso empujó a la decisión.

Pero también el reclamo de intendentes y gobernadores propios y ajenos, y de legisladores de la oposición, que prometieron apoyar el plan de salida de la crisis pero si se salía de la cuarentena estricta.

Chispazos internos

La autoridad es la que terminó estando en juego, en medio de la crisis. Y por eso, Fernández eligió volver al estilo moderado, acercarse al empresariado tradicional, lo que le valió discrepancias con la vicepresidenta Cristina Kirchner y sectores del kirchnerismo más duro, que llegaron esta semana a cuestionar su liderazgo y la toma de decisiones del propio Presidente.

Fernández evitó la confrontación pero también insistió en imponer su propio estilo. En vez de mostrarse acatando las directivas de Cristina, buscó un mix entre el kirchnerismo más duro y el equilibrio con los sectores opositores.

No hizo más que mantener la fórmula que justamente eligió Cristina para llevarlo a la Presidencia y ganarle al macrismo.

En su auxilio salió el ministro de Defensa y reconocido ultrakirchnerista, Agustín Rossi, y el otro socio de la coalición de gobierno, Sergio Massa. Ambos pidieron bajar los decibeles de las críticas internas, a su manera.

Massa habló de dejar de lado "mezquindades" y la "grieta" para apoyar al Presidente y el plan de reactivación.

Primero en Twitter y después en una entrevista con radio La Red, Rossi insistió en reclamarle al Frente de Todos estar "unido y encolumnado" detrás del Presidente, para que "la gestión sea exitosa y se pueda resolver la cuestión de la pandemia y se inicie el proceso de recuperación de la economía, donde la renegociación de la deuda es clave".

"De los momentos difíciles siempre salimos adelante con una fuerte unidad detrás del que tuvo la oportunidad de conducir: primero Néstor (Kirchner), después Cristina (Fernández de Kirchner) y ahora tiene que suceder lo mismo con Alberto (Fernández), quien es el que preside nuestra coalición de Gobierno", sostuvo Rossi, dejando al descubierto la embestida interna contra Alberto Fernández y buscando poner paños fríos.

El funcionario consideró que la sociedad le pide al gobierno argentino que resuelva la pandemia y que inicie el proceso de recuperación económica, y que es ahí donde el Frente de Todos tiene que estar unido en esos objetivos detrás del Presidente, quien es el que lidera esos dos grandes temas.

Rossi afirmó: "Alberto Fernández gobierna y toma todas sus decisiones con mucha energía y determinación e impuso un modelo dialoguista y de búsqueda de consensos con todos los sectores. Pero eso no significa que el Presidente no tenga energía y firmeza a la hora de tomar las decisiones".

Y por si quedaban dudas, evaluó que Fernández "no se siente condicionado por Cristina porque la vicepresidenta es una persona que respeta la institucionalidad".

También aclaró, hacia adentro, el posicionamiento del Ejecutivo, al considerar que el "programa de gobierno que tiene el Presidente y el Frente de Todos es lo más progresista que hoy puede haber en la Argentina" .

El eje económico

Ahora, al traspasar la responsabilidad a los ciudadanos por las consecuencias sanitarias que puedan venir ante la reapertura de las actividades en medio del pico de la pandemia -con la advertencia de volver todo atrás en una semana-, Alberto buscará en los próximos días avanzar en el plan de reactivación económica pospandemia.

El jueves a la noche envió al Congreso el proyecto para renegociar la deuda local en dólares -espera conseguir el apoyo de la oposición-, y este martes buscará apoyo para la renegociación de la deuda externa con bonistas ante inversores norteamericanos.

Para eso, hablará en un foro que justamente siempre esquivó la vicepresidenta Cristina Kirchner: el Council of the Americas, mientras prepara anuncios económicos para contener la crisis de las empresas a nivel local.

¿El objetivo? Mostrar un gobierno activo, buscando la salida de la catástrofe social que, según admiten en la Casa Rosada, llevará en los próximos meses a un aumento de la pobreza y afectará a más de la mitad de la población.

Mientras, sigue esquivando las peleas internas mostrando hacia afuera un perfil propio de Presidente moderado. Pero hacia adentro, seguirá compartiendo todas las decisiones con la otra cabeza del Poder Ejecutivo: Cristina.

por Stella Gárnica
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