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POLÍTICA

Los laberintos de Alberto: pico de contagios, crisis social, las internas y los límites al "botón rojo"

Los laberintos de Alberto: pico de contagios, crisis social, las internas y los límites al
Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Foto: Presidencia).

Alberto Fernández enfrenta la mayor encrucijada desde que asumió en el poder hace casi 9 meses: se choca con los límites para controlar una curva de contagios y fallecimientos crecientes por la pandemia de coronavirus y la imposibilidad de explicar por qué no logró frenar la pandemia pese a la extensa cuarentena.

La disyuntiva de tener que volver a apretar, como él dice, “el botón rojo” de cierre total de actividades, para intentar evitar el colapso sanitario tan temido, choca con los límites que le impone una sociedad que parece perder la confianza en la palabra de los políticos en general, ante una grieta política, social y económica que también va en aumento.

El problema es que ahora la gente no parece dispuesta a seguir encerrada ante la necesidad de generar sus propios recursos para subsistir.

Alberto insistió en que "no hay cuarentena porque está todo abierto y la gente circulando". Contradictoriamente se da en el peor momento de los contagios y fallecimientos desde que empezó la pandemia.

Sabe que la vuelta a la cuarentena total para frenar los contagios, y la aceleración de ocupación de terapia intensiva y muertes, colocaría al Gobierno ante el riesgo de quedar dando una orden que muchos no están dispuestos a cumplir, con la consecuente pérdida de autoridad y legitimidad.

Con el discurso grabado de 5 minutos de la semana pasada para anunciar la nueva extensión de la cuarentena, Alberto inauguró así la nueva estrategia del Gobierno: delegar la responsabilidad de lo que pase con la pandemia en cada gobernador e intendente, que deben tomar ahora la decisión de volver a fase 1 del aislamiento, según la situación epidemiológica de cada ciudad o municipio.

A partir del mensaje, pareció un corrimiento al costado del Presidente: si ustedes no se cuidan, el Gobierno solo no puede.

Pero al laberinto de la credibilidad se sumó el laberinto de la profundización de la grieta política: mientras en actos oficiales llama al diálogo y consensos para buscar una salida a la crisis, se profundizó el distanciamiento con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y los diputados y senadores de Juntos por el Cambio.

La grieta pasó, en la misma semana, del desacuerdo por la apertura de escuelas porteñas, al Congreso.

Ante la insistencia del gobierno porteño de reabrir escuelas y más actividades paulatinamente, llegaron las réplicas del Presidente en dos discursos desde el interior, cuestionando la “opulencia de la Ciudad de Buenos Aires" y anunciando su plan de federalizar la economía, para terminar con la centralidad de la Capital Federal, recordando la lucha histórica entre unitarios y federales.

A las críticas a Larreta se volvió a sumar Cristina Kirchner en una semana en que quedó claro que las decisiones del Gobierno no las toma solo Alberto Fernández, sino que en todas está detrás la vicepresidenta, al menos en consulta con el ya conocido "eje de los 5": además de Cristina, Máximo Kirchner, Sergio Massa, "Wado" de Pedro y Martín Guzmán. Kicillof puede sumarse si lo llaman.

A ese grupo -que blanqueó sus reuniones el pasado lunes en el vip del anuncio del acuerdo por la deuda con los bonistas extranjeros, antes y después del acto en el Museo de Casa Rosada-, también suelen sumarse el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, del ala albertista.

Por primera vez desde la asunción, el 10 de diciembre de 2019, Cristina apareció en un acto público en la Casa Rosada. Su figura terminó eclipsando al Presidente, en lo que estaba planteado como un anuncio histórico del cierre de la deuda con acreedores externos.

Como un antes y un después de la crisis de la deuda, para poder empezar a hablar de un horizonte de salida de la crisis económica, Alberto anunció en su discurso que dará a conocer el plan económico el 15 de septiembre, cuando presente formalmente el proyecto de ley de presupuesto 2021 al Congreso.

El Presidente busca dar una señal de constitucionalidad; transmitir una imagen y estilo moderado que debería ser la impronta de su gestión. Pero esas intenciones terminan opacadas ante la disrupción de la interna con Cristina, que aparece avanzando en distintas áreas de la gestión.

La grieta con la oposición giró más tarde al Congreso y sumó al principal aliado del Gobierno en la ofensiva, Sergio Massa, que se vio enfrentando a la negativa de sesionar de forma virtual de Juntos por el Cambio con Mauricio Macri como consejero externo.

El Presidente salió con los tapones de punta. En un acto con la UIA, salió a reclamar a la oposición que debata y los acusó de no permitir que funcione uno de los poderes del Estado, algo grave para la democracia republicana y que suelen defender como caballito de batalla en JxC.

En esa misma presentación, el Jefe de Estado buscó retomar la agenda del Gobierno con anuncios de nuevas medidas para reactivar la economía y selló una alianza con la entidad conducida por Miguel Acevedo. Lanzó una batería de iniciativas que incluyen la construcción de parques industriales en distintos puntos del país y varias líneas de créditos subsidiados.

Pero el anuncio pasó casi inadvertido para el conjunto de la sociedad cuando explotó en los medios la polémica por la proliferación de tomas de tierras y la ola de inseguridad.

Ante eso, anunció el plan de fortalecimiento de la seguridad en el conurbano, el epicentro de las desigualdades y la inseguridad, según definió el propio jefe de Estado. “Estoy como en un déjà vu, buscando la salida a estos laberintos que nos dejaron”, reconoció.

Con esa metáfora, describió la crisis por la que atraviesa el Gobierno a 9 meses de gestión y casi sin medallas para mostrar, más que el exitoso canje de la deuda con bonistas privados y el reinicio de las negociaciones por la deuda con el FMI, anunciado todo en la misma semana.

por Stella Gárnica
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