"Ayer a la tardecita el motor del secarropas se quemó, empezó a prenderse fuego y siguió propagándose; nosotros dormíamos la siesta”, relató y continuó: “Las chicas por suerte no estaban -haciendo referencia a sus hijas-, los vecinos gritaban y no escuchábamos nada. Santi de pronto se despertó aturdido, bajó, yo lo seguí. Todo era humo. No veíamos nada. Fue una pesadilla de esas de las que una se levanta empapada en sudor”, resumió y finalizó: “La vida es un regalo precioso. Gracias, Universo, por dejarnos seguir acá”.