Aunque los médicos advierten sobre el daño permanente a nivel neurológico, la reacción motora —por mínima que haya sido— representa para la familia el indicio de que todavía hay lucha y posibilidad de recuperación. En medio de la incertidumbre, esa pequeña pero significativa señal prendió una chispa de esperanza en quienes la acompañan.
El duro pronóstico sobre las secuelas que dejaría el ACV en la Locomotora Oliveras
El pasado miércoles, en el ciclo Mujeres Argentinas, el cirujano cardiovascular Fernando Cichero (MN 84192) analizó las posibles secuelas que podría afrontar Locomotora Oliveras, quien atraviesa un delicado estado de salud luego de haber sufrido un ACV. La exboxeadora continúa internada en terapia intensiva en el hospital José María Cullen, ubicado en la ciudad de Santa Fe.
“Si supera esta situación crítica, lamentablemente la experiencia demuestra que va a quedar muy secuelada. No creo que vuelva a hacer una vida normal como hacía”, expresó el médico. Luego, enumeró algunas de las consecuencias neurológicas frecuentes tras un episodio de esta magnitud: “No va a poder deambular sin ninguna dificultad, que el miembro superior no lo va a poder mover como corresponde y además va a quedar lo que se llama afasia. La afasia es la falta de poder hablar, pero uno tiene dos maneras. La afasia de expresión, la persona me entiende pero no puede hablar. Y la afasia de comprensión, no entiende lo que yo le quiero preguntar”.
Cichero también remarcó que, según el área del cerebro comprometida, es común que este tipo de ACV deje secuelas tanto físicas como del lenguaje: “Como justo alteró ese lugar del cerebro, es muy común que los pacientes queden con la mitad del cuerpo paralizado y con mucha dificultad para el habla. La parte cognitiva emotiva no se ve alterada, pero la parte sensorial y sensitiva sí”.
Por su parte, en diálogo con TN, el neurocirujano Alejandro Musacchio explicó las causas del accidente cerebrovascular que sufrió la deportista: “El ACV fue producto de una patología vascular no controlada. Tenía una estrechez en la carótida derecha con una placa de ateroma y calcio”. Es decir, Oliveras padecía un problema en los vasos sanguíneos que no estaba siendo tratado, lo que derivó en la formación de una placa de grasa y calcio en la carótida derecha. Esa obstrucción redujo el flujo sanguíneo y afectó la irrigación del cerebro.
Musacchio también señaló que, debido a la gravedad del cuadro, se le practicó a la paciente una “craniectomía descompresiva amplia” para aliviar la presión dentro del cráneo. Finalmente, fue terminante sobre el daño neurológico que sufrió: el infarto cerebral es “irreversible en todos los casos”, aseguró.