Durante la madruga del 29 de diciembre de 2017, después de una noche de sexo, Nahir Galarza salió de su casa junto a Fernando Pastorizzo.
Antes de subirse a una moto, ella agarró el arma (una pistola calibre 9 milímetros) que su papá siempre dejaba arriba la heladera.
En medio del viaje, la joven le pidió que se desviara de la avenida principal. Él accedió, sin saber el costo de su decisión. Sobre un callejón de tierra, oscuro, Nahir jaló el gatillo con fuerza. El primer disparo fue por la espalda, mientras el ciclomotor estaba en movimiento. El segundo, de frente: lo remató cuando él estaba tendido en el piso.