Sus largas estadías en las provincias argentinas no son para cumplir con presencias o desfiles en los boliches sino para hacer de dama de compañía de importantes empresarios.La señorita que siempre se enoja cuando una colega la tilda de rápida no se ruboriza y acepta con gusto las jugosas ofertas de dinero que recibe por parte de los hombres que la quieren un rato a su lado.Por ahora, este negocio le está saliendo redondito porque no para de recibir llamados a su teléfono de aquellos que la buscan para que un poco de cariño.¿Largará alguna vez la profesión más antigua del mundo? Por el momento parece estar muy cómoda así.