De la mano de la imitación, se consagró como uno de los grandes del humor de la década del 80. Inclusive, muchos lo recuerdan como el "dueño" de una galería de más de 100 personajes a los que lograba reproducir de un modo sorprendente. Sin embargo, Carlos Russo, de él se trata, vive una realidad completamente alejada de los éxitos: enfermo y abandonado, necesita ayuda para sobrellevar un cáncer de pulmón y en los huesos que padece desde hace un tiempo.