Con una seguidilla de clásicos demoledores como “Embrujo”, “Una cerveza” y “Que levanten la mano”, quedó claro que no era solo un concierto: era una celebración de la música, del ritmo, de la vida.
Américo, acompañado por una banda impecable y vocalistas que brillaron con luz propia, desplegó toda su artillería de grandes hits. Lo secundaron músicos de enorme talento.
Cada canción brindó una ola de recuerdos y energía: como los mix de Selena, “un mix folklorico”, en un tramo dedicado a sus colaboraciones que desató la locura de toda la audiencia.
Como en toda celebración, grandes artistas invitados como Angela Leiva, Daniel Agostini, Ariel Pucheta, Valentino Merlo y Valeska se sumaron a la fiesta.
También hubo lugar para himnos tropicales que Américo produjo y que son parte del ADN musical de nuestro tiempo: La emoción creció con cada tema.
El público cantó, bailó y se abrazó. Cuando llegó el cierre con “Te vas”, el Opera fue un solo latido, una sola voz. Américo no vino a mirar hacia atrás.
Vino a recordarnos que la música que hizo historia sigue viva, vibrante, actual. Y si hay algo que nos une, que nos enciende y nos libera, es el poder de una buena canción. Buenos Aires fue parte de una fiesta irrepetible que será difícil de olvidar.