"Cuando uno gasta más de lo que tiene, contrae una deuda con gente que te llama, te apura, te pone plazos para pagar, empezás una rueda de pedirle a uno para pagarle a otro. Mientras tanto, seguís perdiendo... Todo eso que te transforma en un mentiroso permanente", señaló Cayetano.
Y admitió que llegó a perder el departamento que le había dejado su abuela antes de morir: "Fui un año a jugadores anónimos en una iglesia que se llamaba San Cayetano. Escuché cada historia durísima, de intento de suicidio, de quedar en la calle, que dije 'tengo una oportunidad acá, soy el que mejor está'. Fui todo un año, me fue muy bien, hice amistad con algunas personas. Con mi familia y la psicóloga logré rescatarme. La adicción que me tocó a mí le dicen la adicción silenciosa, es por un lado la que menos se ve para afuera pero termina siendo la más peligrosa... Jugué tres años seguidos y no se dio cuenta nadie hasta que lo conté".