"Después de dos días viajando y pasar por seis controles de aeropuertos me toé que en Ezeiza el perro no podía entrar a Argentina", explicó Franco.
"Me lo querían deportar y yo estuve peleando ahí para una opción de cuarentena. Era una tortura para Coco y para mí. Yo me enteré esto de las redes (la repercusión que tuvo el caso) ahí en el aeropuerto", remarcó el hombre, ya aliviado por llegar a una solución al tema que se convirtió de interés nacional.
Y explicó: "Coco tiene que hacer una cuarentena de diez días, le ponen la vacuna de antirrábica y lo liberan. Una ONG se va a encargar de ir dos veces al día".
"Para mí es un miembro más de mi familia", finalizó Franco.