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La australiana Kylie Minogue cumplió el pasado mes de junio 44 años. Increíble pero cierto.
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Lo parezca o no, 20 años separan estas dos fotografías. Winona Ryder cumplirá los 41 el próximo mes de octubre y poco hay que decir sobre lo bien que se conserva este mito de la belleza de la década de los 90.
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Lo de Madonna es un caso digno de estudio. ¿Cómo se puede explicar que a sus 54 años acometa esas giras mundiales en las que se sigue moviendo como una veinteañera?
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Raquel Welch fue una de las grandes sex symbols del mundo del cine. La actriz se ha negado a renunciar a ese rostro que la hizo famosa en los 60 y ha llegado a los 71 años siendo una mujer muy guapa pero que ha recurrido bastante obviamente al bisturí.
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Ursula Andress, la recordada chica Bond, es una de esas actrices que no asumen el paso del tiempo. Tiene 76 años, una edad que realmente no aparenta, pero la manera de peinarse, maquillarse y vestirse le restan un poco de dignidad.
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Julie Andrews es una de esas señoras (tiene nada menos que 76 años) que no ha tenido miedo a envejecer y que, por ello, se ve muchísimo más linda.
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En 2012 Mia tiene 67 años y su rostro refleja el paso del tiempo en forma de operaciones de cirugía que le han hecho perder su expresión y darle un aspecto un tanto siniestro.
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Mucho ha llovido desde que Faye Dunaway era Bonnie en Bonnie & Clyde en 1967. Tenía 26 años y una belleza que no era la típica de Hollywood, más clásica y elegante. Ahora tiene 71 y, cirugía y arreglillos mediante, sigue siendo una mujer bellísima.
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Siempre acomplejada y tímida, Liza Minelli fue en los 70 una extraña belleza andrógina. Ahora tiene 66 años pero el mal uso de la cirugía y sus subidas y bajada de peso le han hecho perder todo el encanto que tenía en su juventud.
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Debbie Harry, Blondie, fue sin duda el rostro más bello del punk en los años 70 y 80. Ahora, a sus 67 años, no oculta que ha recurrido al quirófano unas cuantas veces pero tampoco que el tiempo ha pasado por ella.
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Sophia Loren. Aunque vivió su apogeo de belleza en los años 50, a sus 77 primaveras mantiene una excelente forma física, y su rostro ha envejecido con toda la dignidad y las justas intervenciones que le han permitido mantener su expresión.
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Nicole Kidman. Innecesario, la actriz australiana acudió a muchas cirugías y cambió su rostro.
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Twiggy fue una de las primeras modelos reconocidas del mundo allá en los años 60; sus enormes ojos, su corte de pelo pixie y su expresión infantil pasadon a la historia. Hoy, a sus 62 años, no queda nada de aquella jovencita; Twiggy es una mujer madura hermosa que ha sabido asumir el paso de los años.
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Si no fuera porque lo pone en su biografía, el aspecto de Demi Moore no delata que este año cumple los 50. Dicen que gasta una fortuna al año en tratamientos rejuvenecedores; sea verdad o no, lo cierto es que mantiene un aspecto absolutamente envidiable.
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El tiempo ha pasado tan bien por Jane Fonda que a sus 74 años continúa siendo embajadora de belleza de LOréal Paris
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Brooke Shields fue la niña y la adolescente más guapa del mundo. Como adulta tampoco se puede quejar y, ahora que tiene 47, lleva sus arrugas con dignidad y muchísima naturalidad.
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Aunque no lo parezca, Michelle Pfeiffer tiene ya nada menos que 54 años. Nunca unas patas de gallo habían quedado tan bien.
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Brigitte Bardot. Es uno de los mitos eróticos de todos los tiempos. A los 77, renunció a las cirugías y conserva su expresión natural.
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Tanto en su época de The Supremes como en el apogeo de la música disco Diana Ross fue un icono de belleza. Ahora tiene 68 años y ha envejecido de una manera muy peculiar.
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Catherine Deneuve no ha querido renunciar a esa belleza tranquila que sedujo a grandes directores en los 60 y los 70. Ahora que tiene 68 años se puede apreciar que su rostro ha pasado por alguna que otra operación y por rellenos faciales pero sin perder la expresividad ni intentar aparentar 30 años menos.
Fueron las mujeres más bellas de su época cuando eran jóvenes. Algunas siguen siéndolo décadas después, por obra y gracia de la naturaleza o con algo de ayuda externa. A otras se les fue yendo la mano intentando preservar esa belleza que las convirtió en iconos y la cirugía y los rellenos congeló sus rostros hasta dejarlas irreconocibles.