Fue justamente Valeria Sabalain quien, desde muy chica, le explicó quién era su padre. Sin esconderle nada, le contó que Diego Maradona era una figura pública y que, por motivos que solo él conocía, no formaba parte de su vida. También le dejó en claro que, si algún día quería buscarlo, la iba a acompañar.
Sin embargo, convivir con el apellido Maradona nunca fue sencillo. "Los nenes me decían que no me creían. Y me sigue pasando hasta hoy", contó. Con el tiempo aprendió a no desgastarse intentando convencer a nadie: "Si no me querés creer, no me creas".
Durante gran parte de su vida mantuvo una postura firme respecto a su padre. "Yo decía que si él no quería conocerme, yo tampoco quería conocerlo a él", lanzó, fiel a su estilo frontal.
Pero dos pérdidas familiares la hicieron replantearse todo. Primero murió su abuela, tras atravesar un cáncer de pulmón. Tiempo después, su tío falleció en un accidente de moto el mismo día de su cumpleaños. Ese golpe inesperado le cambió la manera de ver la vida. "Ahí entendí que cualquiera se puede morir en cualquier momento. Pensé que también se podía morir mi papá y que yo quería verlo aunque fuera una vez".
Ese tío había sido una figura fundamental para ella. Practicaba taekwondo y siempre le repetía una enseñanza que quedó marcada para siempre en su cabeza: "Espíritu indómito. Si querés algo, andá con todo".
Jana Maradona - entrevista
El día que Jana Maradona decidió que quería conocer a su padre
A los 14 o 15 años, Jana Maradona finalmente le dijo a su mamá que quería conocer a Diego. En ese momento todavía seguían adelante los juicios por filiación y alimentos, ya que él no se había presentado a realizarse el ADN. "A mí la Justicia me dio el apellido", aclaró.
Lo que vino después parecía una película. Entre abogados, periodistas y contactos, lograron enterarse de que Diego estaba entrenando en un gimnasio de Buenos Aires durante una de sus visitas al país en 2014. El dato llegó gracias a Cora de Barbieri, a quien Jana recordó con enorme cariño.
Cuando recibió la noticia, no dudó. "Vos si querés ir otro día, yo voy ahora", le dijo a su mamá. Ya en el gimnasio, se acercó al mostrador y habló sin rodeos: "Hola, soy Jana, la hija de Diego, y vine a conocerlo".
Minutos después ocurrió el encuentro que le cambió la vida. Primero se abrazaron Diego y Valeria. Él le pidió perdón. Luego llegó el turno de Jana. "Antes de conocerlo yo pensaba que era un monstruo. Después entendí que era humano".
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La pregunta que guardó durante años finalmente salió de su boca: "Quiero saber si soy tu hija". La respuesta de Diego fue inmediata: "¿Cómo no, mamita? Si sos igual a mí".
Desde entonces compartieron seis años intensos. Según relató Jana, en privado él le repetía constantemente cuánto lamentaba el tiempo perdido. "Fui un pelotudo, perdoname por todo lo que me perdí", le decía.
Hasta que un día ella decidió ponerle un límite a esa culpa. "Pará, ya está. Yo ya te perdoné", recordó. Y cerró con una frase tan simple como contundente: "Con mi papá fue infinitamente más hermoso de lo que me imaginaba".