Rápidamente, el artista explicó: "La historia era que mi padre había recibido en mi casa a un amigo japonés que era cuarto Dan de karate y que en la cotidianeidad del día a día me había enseñado karate. En poco tiempo, me había convertido en una especie de experto, con la única condición que no lo usara para agredir a nadie, solo para defenderme. Durante varios años fui sobreviviendo con esta mentira ridícula".
"En sexto o séptimo grado en el recreo uno compañero no aguantó más y me dijo: 'Te voy a matar'. Me tiró una trompada y me la embocó justo y yo volé y fui a caer al lado de una estatua de un prócer argentino, Sarmiento. Todo el colegio estaba esperando mi reacción, el experto en karate. Tenía una lista de espera para pegarme. Desde el suelo, pegué un salto en el aire como había visto en las películas, como se cuadraban los ninjas. Ante mi estupor, Falcón salió corriendo...", concluyó. ¿Se puede ser más genial?
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