"Tranquilo Felipe", se escucha la voz del acompañante cuando el joven hace sonar el motor pisando el acelerador. "Si, si", le contesta el hijo de Comandante afirmando que sabe lo que hace.
Felipe, como su papá, tiene una grande debilidad por los autos. El Rolls-Royce Phantom era su debilidad, y los mellizos los conservan para poder usarlo algún día, pero mientras tienen un chofer que los lleva de paseo para recordar al gran Ricardo.
LEER TAMBIÉN: 7 años sin Ricardo Fort: el emotivo recuerdo de Gustavo Martínez