"En todo ese tiempo que tomé para ordenarme en soledad, también debí definir cuál sería mi hogar-base. Necesito tener la certeza de volver siempre a un lugar, a mi casa. Pensé: ¿Cuánto tiempo estaré en Italia? ¿Podré ir y venir? ¿Cada cuánto? Y lo charlé mucho con Paulo, queriendo saber qué creía él de todo esto. Como también de la lejanía, porque a veces nos toca estar separados hasta por un mes y medio. Le planteé: “Usemos la distancia a nuestro favor”. Porque hace bien. Permite tener otras expectativas, valorar mucho más. ¿Qué más lindo que extrañarse? A nosotros nos sirve un montón. Estoy convencida de que la convivencia desde tan chicos arruina a la pareja", cuenta.