"Perdí los estribos, me deprimí un año, me mudé de vuelta con mis viejos y les desconé el sillón porque estaba todo el día tirado; para lo único que me levantaba era para ir a entrenar, que era como lo único que me desconectaba de esa sensación", aseguró al respecto.
"Recuerdo esos momentos con vergüenza, porque pensaba 'por lo menos así me van a extrañar'. Sentir que ya no le importaba a nadie, a pesar de que estaban mis viejos, mi hermana, y mi mejor amigo, que me habían acompañado en todo el momento depresivo, pero era muy loco porque yo siempre necesitaba tener gente cerca en las salidas y cuando iba solo me pasaba eso", indicó.